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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 68

Al escuchar esto, todos levantaron las manos por instinto para aplaudir, pero cuando escucharon el nombre de 'Mila Quiroz', se quedaron congelados, con las caras llenas de confusión.

—Fabio... ¿no te equivocaste de nombre? ¿La heredera de los Quiroz no es la señorita Luna? —no pudo evitar preguntar uno de los empleados.

—¡Exacto! ¿Quién es Mila Quiroz? ¡Nunca hemos escuchado ese nombre en nuestra vida!

—Director Fabio, ¿seguro que no se confundió? ¿O es una empleada nueva?

—¡Cállense todos! —Fabio frunció el ceño y los fulminó con la mirada, imponiendo respeto al instante—. Yo, Fabio, director de recursos humanos de esta corporación, me hago responsable de cada una de mis palabras. Lo repito para que les quede claro: ¡la única hija de la familia Quiroz es la señorita Mila Quiroz! ¡Esto ya ha sido confirmado por los altos mandos!

Sus palabras fueron como un hachazo. La mirada afilada que les lanzó a los que habían dudado fue suficiente para dejarlos mudos de terror.

En ese instante, la puerta de la sala se abrió con calma.

Mila Quiroz entró.

Todas las miradas se clavaron en ella de inmediato.

Al verla, la gente contuvo la respiración sin darse cuenta.

Y no fue solo por su belleza deslumbrante, sino por el aura de dominación absoluta que emanaba de su interior; un poder que parecía mirar a todos por encima del hombro.

Caminaba con seguridad, su mirada era tranquila pero cortante como una navaja. Parecía haber nacido para ser el centro de atención. Frente a esa presencia aplastante, todas las dudas y los murmullos se hicieron polvo.

—Buenas tardes a todos, soy Mila Quiroz —Se detuvo frente al asiento principal, con una sonrisa que no terminaba de serlo. Su mirada barrió la sala como un viento helado, intimidando a todos—. Veo que hay mucha confusión respecto a quién es la 'hija de la familia'. Permítanme aclararlo de una vez: yo, Mila Quiroz, soy la hija biológica de Esteban y Blanca Quiroz.

Su voz era clara y fría; sonaba a una orden irrefutable.

—En cuanto a la señorita Luna Quiroz, a quien todos conocen... —hizo una breve pausa, y la temperatura en su voz cayó varios grados—, no es más que una niña adoptada por caridad. Ahora que la verdadera dueña está aquí, espero que todos y cada uno de ustedes se graben este hecho en la cabeza y no vuelvan a confundirse.

Dicho esto, la mirada de Mila se volvió gélida. La presión invisible en el aire era tan asfixiante que la atmósfera de la sala parecía haberse congelado.

—De lo contrario, me voy a... enojar.

Esas últimas palabras sonaron suaves, pero cayeron como bloques de cemento sobre el pecho de todos los presentes.

Los empleados tragaron saliva, bañados en sudor frío. ¡Qué energía tan aterradora tenía esta mujer! ¡Esa autoridad que le corría por las venas era cien veces superior a la de Luna! ¡Esa sí que era el porte de una verdadera heredera!

—Además... —Fabio aprovechó el momento para hablar, con un tono solemne de quien anuncia la llegada del nuevo rey—. Por decisión de la directiva, a partir de este momento, la señorita Mila Quiroz asumirá oficialmente el puesto de Gerente del Departamento de Proyectos y tomará el control absoluto del área.

¡Pum!

Los ojos de César brillaron de esperanza.

Corina no solo estaba enamorada del director Ariel, sino que era íntima amiga de Luna.

Al ver la cara de Luna, era obvio que Mila le había robado el contrato, ¡y Corina venía a defenderla!

—¿Y tú quién eres? —Mila se dio la vuelta y recorrió a Corina con la mirada de arriba a abajo.

La mujer llevaba un traje sastre impecable, el cabello corto y unos aretes sencillos que le daban un aire de ejecutiva agresiva.

—Soy la directora de operaciones de esta corporación —respondió Corina, levantando la barbilla con arrogancia—. Me puedes llamar 'Directora Vega'.

Mila se cruzó de brazos y se apoyó contra la mesa, esbozando una media sonrisa:

—Directora Vega, los asuntos de mi departamento no son de la incumbencia de operaciones.

—¡Ja! Te lo repito: alguien como tú, una basura, ¡no tiene el derecho de ocupar este puesto! —Corina entrecerró los ojos, soltando veneno en cada palabra—. No sé qué artimañas usaste para meterte en la corporación. Pero como veterana con diez años en esta empresa, es mi deber proteger los intereses del negocio.

—¡No voy a permitir que nadie use su poder para beneficio propio y para destruir a sus compañeros!

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