Ariel entornó los ojos y le lanzó una mirada muy significativa a Fabio.
Fabio, siendo un zorro astuto, entendió el mensaje al vuelo. El jefe quería que él le diera un trato especial a la heredera.
—Fabio, ella es Mila Quiroz, mi hermana. Hazle el trámite de ingreso.
—Por supuesto.
—¡Ah, y asegúrate de recibirla como se merece! —marcó con fuerza la última palabra.
—No se preocupe, sé perfectamente lo que tengo que hacer —Fabio se frotó las manos con una sonrisa aduladora.
Ariel asintió y se giró hacia Mila.
—Tengo una junta que atender. Si tienes dudas, pregúntale a Fabio.
Se dio la media vuelta y se marchó.
En cuanto Ariel desapareció, la cara de Fabio cambió drásticamente. Sin inmutarse, sacó un formulario cualquiera y se lo tendió de mala gana.
—Toma. Llena esto.
Mila se quitó las gafas, miró la hoja y notó que estaba llena de preguntas ridículas y sin sentido. Estaba claro que no era un documento de ingreso oficial.
—¿Estás seguro de que este es el documento de ingreso?
—¡Muy seguro!
Fabio se recostó en su silla, subió los pies al escritorio y cruzó las piernas.
—Señorita Mila, usted será de la familia, pero en esta empresa todos respetamos las reglas.
—Empiece a llenar eso —sacó otra pila enorme de documentos y la tiró sobre el escritorio—. Cuando termine con esa, aquí hay más.
Fabio sonrió con autosuficiencia, tomó su termo y dio un sorbo relajado.
Si había alguien experto en hacerle la vida imposible a los empleados nuevos en la empresa, era él. Estaba en el top diez de los más odiados.
Mila tomó la hoja, esbozó una sonrisa de medio lado y, lenta y deliberadamente, la rompió por la mitad.
—¡Oye, ¿qué te pasa?! —Fabio abrió los ojos como platos y exclamó, indignado—. Serás la hermana del vicepresidente, pero yo tengo que hacer mi trabajo. Todo empleado nuevo tiene que llenar el registro.
Pero Mila ni lo miró. Se sentó en el sofá, cruzó sus largas piernas y adoptó una postura relajada, irradiando el aura de una verdadera jefa.
Fabio se sintió repentinamente intimidado. *Parece que esta chica no es cualquier persona...*
—Mila, ¿de verdad te crees la gran heredera? —Fabio entrecerró los ojos y habló con dureza—. La única señorita reconocida en esta familia es Luna Quiroz, la consentida de sus padres.
—Si pudiste entrar a la empresa, fue únicamente por el apoyo de Don Nicolás.
—¡Pero el abuelo está lejos! Los que realmente dirigen esta empresa son Esteban y Ariel.
Con cada palabra, Fabio agarraba más confianza.
—Tienes dos opciones: llenas los papeles, o te largas.
De repente, esbozó una sonrisa pervertida y se acarició la barbilla.
—Por cierto, ¿qué puesto te ordenó Ariel que me asignaras? —preguntó Mila con indiferencia.
Fabio se secó el sudor frío de la frente con la manga.
—A... asistente personal mía.
Mila rio. Ariel había hecho esa jugada para que Fabio la atormentara a gusto.
Fabio era un lujurioso y un holgazán que se sentía intocable por el poder de su suegro.
Una lástima que Ariel hubiera subestimado de quién se trataba.
—¡Señorita Mila, espere, yo le asigno ahora mismo un puesto mucho mejor y con más autoridad! ¿Qué le parece Gerente de Proyectos? —dijo Fabio rápidamente—. Aunque no tengo poder para hacer ese nombramiento, si digo que fue recomendación de Don Nicolás, nadie se atreverá a quejarse.
—¿Gerente de Proyectos? Suena bien.
—Pero no necesito que tú hagas el nombramiento.
—¿Eh? —Fabio se quedó paralizado y la miró confundido.
Mila entornó los ojos, midiendo cada palabra.
—Voy a hacer que Ariel... me ruegue de rodillas que acepte el puesto de Gerente de Proyectos.
Fabio no podía creer lo que oía.
¿De dónde sacaba tanta seguridad esta mujer para afirmar que el mismo vicepresidente iría a suplicarle para darle un puesto?

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