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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 58

En la sala de juntas.

Ariel estaba sentado en la cabecera, proyectando la máxima autoridad de un vicepresidente ejecutivo.

Con una sola mirada hacía sudar frío a los empleados, quienes temblaban ante la posibilidad de cometer un error en sus reportes que lo hiciera enojar.

El presidente oficial de la corporación era Esteban, pero en la práctica había delegado el poder a Ariel. Llamarlo el verdadero líder de la corporación no era ninguna exageración.

—Joven Quiroz, ese es el reporte de mi área. Quedo atento a sus comentarios —dijo César, el gerente de Proyectos, con respeto.

Ariel frunció el ceño, hojeó el reporte financiero y dijo con voz firme:

—No hay problemas graves. Pero considerando que la familia Leyva está al borde de la quiebra, tenemos que cortar toda relación comercial con ellos cuanto antes para que su caída no nos arrastre.

—Entendido. El departamento ya tuvo una junta de emergencia anoche y hemos comenzado la evaluación preliminar para desvincularnos de los Leyva —respondió César sin dudar.

—¡Excelente!

Ariel asintió, satisfecho con la reacción de César.

—Aprovechando que estamos todos, tengo un anuncio. A partir de hoy, mi hermana menor, la señorita Luna, se une a la Corporación Quiroz. Espero que la guíen y la apoyen en todo.

En ese exacto momento, Luna abrió la puerta.

Al verla, la fría fachada de Ariel se derritió, dando paso a una sonrisa llena de calidez.

—Luna, acércate.

Luna se acercó, y con una voz tan dulce como el azúcar, dijo:

—Hermano, ¿llegué muy tarde?

—Para nada, justo a tiempo —Ariel la miró con absoluta adoración—. Les acabo de anunciar a todos tu ingreso. Saluda a los veteranos de la empresa.

Luna se volvió hacia la sala e hizo una pequeña reverencia.

—Hola a todos, soy Luna. Será un placer aprender de ustedes y trabajar juntos a partir de ahora.

Soltó una risita encantadora.

—Por favor, tengan paciencia si cometo errores. Estoy aquí para aprender.

Nadie podía negar que la apariencia tierna y la voz dulce de Luna la hacían ganarse a la gente fácilmente.

En segundos, todos los empleados respondieron con entusiasmo.

Los ojos de Luna brillaron. ¡Ambos proyectos eran verdaderas minas de oro!

Si lograba cerrarlos, el abuelo la vería con otros ojos y Mila quedaría como una total inútil, a punto de ser echada a la calle.

—César, como gerente, encárgate de mostrarle a Luna la oficina y ayúdala a ponerse al día con los detalles de estos proyectos —ordenó Ariel.

—Por supuesto —César asintió rápidamente.

En ese momento, Ana, la secretaria de Ariel, entró de prisa y le susurró al oído:

—Joven Quiroz, los representantes de la familia Páez y del Grupo Ignite están aquí. Vienen a negociar los contratos.

Ariel se iluminó y le dijo a su hermana:

—Luna, este es tu momento de brillar.

Luna, en su papel de víctima perfecta, fingió incomodidad.

—Hermano, ¿estás seguro? Fueron proyectos que Mila trajo a la empresa, seguramente le costó muchísimo esfuerzo conseguirlos. Si yo me quedo con el crédito, la gente va a hablar...

—¡Que hablen! —Ariel resopló con desprecio—. Si esos proyectos entraron a la familia Quiroz, yo soy quien decide qué hacer con ellos.

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