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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 56

Tan pronto como Mila puso un pie en el edificio de la Corporación Quiroz, sintió de inmediato que varios pares de ojos se clavaban en ella.

Su atuendo era elegante pero discreto, y con su cabello largo en ondas desbordaba el aura imponente de una reina. Todos pensaron que se trataba de alguien muy importante.

—Buenos días, señorita. ¿Tiene alguna cita programada? —preguntó educadamente Eva, la recepcionista.

Mila se quitó las gafas de sol, revelando una sonrisa.

—Soy Mila Quiroz.

—¿Señorita Quiroz? —Eva dudó un momento y luego volvió a sonreír—. Señorita, el acceso al grupo es estrictamente con cita previa. Cualquier visitante debe tener una para ingresar.

Mila alzó una ceja. Había supuesto que decir su nombre sería como un pase libre.

Era evidente que ni Esteban ni Ariel habían notificado sobre su ingreso a la empresa.

¿Acaso intentaban ponerle trabas desde el primer segundo?

Qué estupidez.

Mila sacó su teléfono, buscó el número de Ariel Quiroz y lo llamó.

En ese momento, Ariel estaba en medio de una reunión.

Al ver en la pantalla un número desconocido, colgó sin pensarlo.

Pero apenas rechazó la llamada, el teléfono volvió a sonar.

Ariel frunció el ceño. Pensando que tal vez era algo urgente, levantó la mano para pedir una pausa.

—¿Bueno?

—Ariel, baja al vestíbulo. Ahora.

Al escuchar aquel tono tan insolente, la ira de Ariel se disparó, pero luego reconoció la voz...

¡Era Mila Quiroz!

—Mila, ¿qué diablos quieres ahora? —intentó reprimir su enojo, conteniéndose para no maldecirla—. Estoy en una junta, no tengo tiempo para tus berrinches.

—Tu propia hermana viene a presentarse a la empresa. Como el hermano mayor que eres, ¿no deberías bajar a recibirme? —se burló Mila—. ¿O acaso ya no te interesan el Proyecto Ciudad Horizonte y el de la Zona Oeste?

El rostro de Ariel cambió de inmediato. Apretó el celular con fuerza.

—Dame cinco minutos.

—¡Un minuto!

—¡Oye!

Ariel intentó quejarse, pero Mila ya había colgado.

Mila le hizo un leve gesto con la cabeza a la recepcionista, volvió a ponerse las gafas de sol y tomó asiento en los sofás del lobby.

Eva estaba llena de dudas. *¿Acaba de llamar al vicepresidente Quiroz?*

*No, seguro escuché mal.*

El joven Quiroz era el vicepresidente ejecutivo, un hombre con muchísimo poder. Nadie se atrevería a hablarle en ese tono.

—Llegaste a tiempo, joven Quiroz.

Los empleados del lugar, al notar la presencia de Ariel, no pudieron ocultar su asombro. Había miradas de curiosidad y sorpresa por todas partes, lo que hizo que él se sintiera extremadamente incómodo.

—Ven conmigo.

Ariel contuvo la respiración y se llevó a Mila hacia el ascensor ejecutivo, dejando a todos los empleados del vestíbulo completamente atónitos.

Dentro del ascensor, Ariel intentó calmarse y habló con severidad:

—Mila, si vas a trabajar en la Corporación Quiroz, tienes que seguir las reglas.

—No creas que porque el abuelo te apoya, puedes hacer lo que te dé la gana. Hay directivos importantes aquí que ni el abuelo ignora tan fácilmente...

—¿Ya terminaste? —Mila se acomodó las gafas y dijo sin alterarse—. Si ya acabaste tu discurso, llévame a hacer los trámites de ingreso.

Ariel apretó los puños, muriendo por darle un buen golpe, pero cada vez que estaba frente a ella, sentía que ella lo dominaba.

Era como si estuviera maldito.

Años atrás, Mila ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos.

¿Quién diría que, tras pasar por la cárcel, los papeles se invertirían?

Llegaron al área de Recursos Humanos.

—Joven Quiroz, qué honor tenerlo por aquí —Fabio se acercó de prisa para saludarlo en cuanto lo vio.

Pero al notar a la mujer que venía con él, los ojos de Fabio se iluminaron. Quedó impresionado por su belleza. *¿Esta es la verdadera heredera de los Quiroz que acaba de salir de prisión?*

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