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La Princesa romance Capítulo 176

—Pero todavía no le he dicho nada a ella, aunque para trabajar no se preocupen, es súper rápida con las manos...

—¡Eso suena perfecto! —Vanesa no terminó de hablar cuando Irma dio una palmada en la mesa.

—Tu papá y yo justo estábamos pensando dónde buscar a alguien más. La tienda está tan llena de trabajo que ni tiempo me da de venir a casa a cocinarles. Fede tiene que hacerse cargo, y ustedes ya están en el último año de prepa, es una etapa clave. Cami todavía está creciendo, y si no come bien, luego se complica todo.

—Sí, la verdad es que estas entrevistas no han salido nada bien. Ya nos estábamos quebrando la cabeza —secundó Aurelio, asintiendo con preocupación—. Vane, si tú recomiendas a alguien, es porque confías, así que seguro todo estará bien.

Cualquiera que dudara de la capacidad de Vanesa a estas alturas, de plano no tenía dos dedos de frente.

—Pero dices que ni le has dicho a la persona, ¿sí querrá venir?

—Voy a salir un momento para hablarlo.

—¿Ahorita? Ya es tarde, mejor que Fede te lleve, o si quieres yo voy contigo. Está peligroso para una chica salir sola en la noche.

—No se preocupen, ya llamé a una amiga —Vanesa miró la hora en el celular—. Ya llegó, así que no hay de qué alarmarse.

—No, no, así de noche yo bajo contigo —Aurelio insistió, e Irma le dio la razón.

Vanesa soltó un suspiro resignado, pero ante la insistencia, acabó por asentir.

...

Cuando los tres se acercaron a Estrella Olivera, ella se sorprendió y se bajó de la moto de inmediato, con el casco que pensaba darle a Vanesa aún en la mano.

—Ella es Estrella, mi mejor amiga —dijo Vanesa, poniéndose junto a Estrella y presentándola con total confianza ante los papás Balderas.

—Buenas noches, señor, señora —Estrella rara vez se veía así de nerviosa, pero no quería que los papás de Vanesa pensaran mal de ella por su actitud relajada de hace un momento.

—Qué bien, una chica que maneja moto, se ve muy valiente —Irma notó el nerviosismo de Estrella y le sonrió para tranquilizarla.

Estrella, aliviada, se rascó la oreja con timidez.

—Con los demás da igual, si me ven feo, yo les respondo y ya. Pero tus papás... no es lo mismo. ¿Crees que deba cambiar de imagen la próxima vez que vaya a tu casa?

Vanesa, de espaldas, no podía esconder la sonrisa que se dibujaba bajo el casco.

—No hace falta.

—¿Qué? —preguntó Estrella, entre el ruido del motor y el viento, no había escuchado bien.

Justo entonces, se detuvieron en un semáforo.

—¿Qué dijiste?

—Que no hace falta. Solo sé tú misma, Estrella. Si eres mi amiga, no tienes que quedar bien con nadie. Para mí, eres increíble así como eres, y me da mucho orgullo tener una amiga tan valiente.

Debajo del casco, las orejas de Estrella se pusieron rojas como tomate. Respondió con un tímido —Ajá—, conteniendo la risa y dejando ver un lado tierno que pocas veces mostraba.

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