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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1408

La frase de Tatiana sonó torpe, casi como un murmullo; estaba tan llena de culpa que apenas podía articular las palabras.

Ignacio soltó una risa amarga.

—Así que, mientras yo me volvía loco de paranoia, cuidándote la espalda y asustándome hasta de la sombra del repartidor de comida... ¿tú te estabas riendo de mí a mis espaldas?

—Yo... lo siento.

A veces, intentar dar explicaciones es peor que un simple "lo siento".

Ignacio apretó la mandíbula, furioso.

—¿Te pareció muy divertido jugar conmigo? ¿Has estado burlándote de mí todo este tiempo?

—No es que haya estado burlándome de ti todo el tiempo, solo fue esta vez...

—O sea que admites que me usaste como juguete.

Tatiana ya no sabía cómo justificarse. Estaba acorralada.

—Ya te pedí perdón, ¿no es suficiente con eso?

—¿Y se supone que por un simple perdón tengo la obligación de olvidar todo?

—Entonces, ¿qué diablos quieres que haga?

—Nada. Ya me di cuenta de que todo esto es una estupidez. ¡Olvídalo!

Sin decir una palabra más, Ignacio dio media vuelta y se alejó con paso furioso.

Tatiana frunció el ceño. En el fondo, le parecía que la reacción de Ignacio era exagerada. Sí, le había mentido, pero no con mala intención. Solo quería añadir un poco de adrenalina y diversión a la relación, ¿era para ponerse así de dramático?

Pensando en esto, el orgullo de Tatiana también despertó. Decidió que no iba a rogarle, así que se dispuso a buscar un taxi para irse por su cuenta.

Pero la zona estaba bastante desierta, y pasaron largos minutos sin que apareciera un solo auto.

—Te llevo.

Al escuchar la voz, Tatiana se dio la vuelta y vio a Fabio a unos metros de distancia. Por la forma en que aplastaba el cigarrillo contra el asfalto, era evidente que llevaba un buen rato observándola.

—Gracias, pero no.

Fabio terminó de apagar el cigarro y se acercó a paso lento.

—La verdad es que, antes de irme al extranjero aquella vez, te busqué.

Tatiana dejó escapar una risa fría.

—Ah, como no contesté el teléfono, fuiste a buscarme para darme un sermón sobre lo malagradecida que era, ¿verdad?

—Mi intención original al llamarte nunca fue esa.

—Pero fue lo que dijiste.

—Admito que... —Fabio suspiró profundamente— a veces mi boca dice cosas que mi corazón no siente.

—Pues yo no tengo la capacidad de leerte la mente. Lo único que sentí en ese momento fue que me estabas insultando.

—Lo lamento. De verdad me arrepiento de lo inmaduro y estúpido que fui.

—Perdóname.

Tatiana se dio la vuelta con una sonrisa irónica.

—Ya te lo dije, no necesito tus disculpas. No me sirven de nada.

—Al menos déjame llevarte a tu casa.

—No hace falta.

—Tómalo como un favor que te hace el primo de Ignacio. Así, de paso, tendré una excusa si me pregunta por ti.

—Te acabo de decir...

—A menos, claro, que todavía no hayas superado lo nuestro y sigas guardando resentimiento.

Tatiana miró la pantalla de su celular. La aplicación seguía sin encontrar un auto disponible y ya casi era medianoche.

No era el tipo de mujer que se ponía con rodeos innecesarios.

—Está bien. Te lo agradezco.

Pero al subirse al asiento del copiloto, no dudó en advertirle:

—Si vuelves a sacar a colación lo que hubo entre nosotros, me bajo del auto en este preciso instante.

Fabio sonrió con amargura.

—No diré nada. Ya entendí que lo nuestro no tiene arreglo.

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