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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1403

La arrogancia de Fabio era tal en aquel entonces que, incluso sabiendo que había cometido un error, jamás pronunciaría una disculpa.

—Ahora que lo pienso, Fabio y su primo se parecen bastante —comentó el hombre sentado junto a él, que se llamaba Lorenzo Benítez. Al decir esto, le brillaron los ojos y miró a la chica—. Tatiana, no me digas que te metiste con su primo porque todavía no superas lo tuyo con Fabio.

Cuando ella salía con Fabio, sus amigos solían ser así: la menospreciaban desde el fondo de sus corazones y la humillaban cada vez que podían. En aquel tiempo, ella lo soportaba todo por amor a Fabio.

Pero ahora, no estaba dispuesta a aguantar ni una sola falta de respeto.

—¡Qué boquita tan sucia tienes! —le soltó Tatiana sin pelos en la lengua—. ¿No fuiste tú el de la apuesta con Fabio aquella vez? ¿Acaso no aprendiste la lección con el pastelazo que te di y ahora quieres que te acomode la cara?

—Yo... solo era una broma. ¡No sé por qué te pones tan a la defensiva! —replicó Lorenzo, con el rostro ensombrecido.

—¡Broma tu abuela! —Esta vez fue Ignacio quien saltó, furioso—. Es mi novia, y si la insultan en mi cara, ¿creen que soy un cobarde que no se atreve a romperles la boca?

Ignacio hizo el ademán de levantarse, pero Fabio le dio una palmada en el brazo.

—Ya basta, me disculpo con Tatiana en nombre de todos.

Luego, Fabio la miró fijamente.

—Lo pasado, pasado está. No volvamos a sacar el tema, ¿les parece?

Tatiana tampoco quería darle más vueltas al asunto, pero al ver cómo Ignacio daba la cara por ella, no quiso ponerlo en una situación incómoda, así que guardó silencio.

Ignacio quería tomarla de la mano y sacarla de allí, pero Tatiana lo detuvo.

—Ustedes son primos, son familia. Si se pelean por mi culpa, no pienso cargar con esa responsabilidad.

Justo cuando terminó de hablar, comenzaron a servir los platos.

—Si nos vamos a ir, al menos esperemos a que termine de cenar.

—¿No te preparé algo de comer antes de salir? ¿Ya tienes hambre otra vez?

—Todo es culpa tuya. Anoche me dejaste sin una gota de energía.

Ignacio tosió disimuladamente. Aunque no habían llegado hasta el final por falta de protección, se las habían arreglado para probar bastantes cosas creativas.

—Nadie te está echando. Es solo que tus negocios en el extranjero van de maravilla, ¿de verdad estás dispuesto a dejar todo eso para volver?

—Regresé precisamente para expandir mis negocios aquí. No, ya no me voy.

—Ya veo. Entonces tendré que andar con cuidado.

—¿Cuidado de qué?

—De que no me vayas a robar a mi novia.

Fabio, que justo se llevaba la copa a los labios, se paralizó por un segundo. Luego sonrió con amargura y le dio un trago a su bebida.

La verdad es que su regreso había sido muy precipitado. Todo ocurrió a raíz de un sueño que tuvo una noche: soñó que Tatiana y él nunca habían terminado, que se casaban al terminar la universidad, tenían dos hijos y eran inmensamente felices.

Al despertar, compró el primer vuelo de regreso.

Hasta ese momento no había tenido tiempo de asimilar sus propios sentimientos. Había vuelto con la única intención de recuperar a Tatiana, pero al tomar el avión no tenía ni idea de cómo era su vida ahora, ni siquiera sabía si ya se había casado.

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