Isabella condujo hasta el edificio donde vivía Floriana, pero se encontró con una multitud afuera: reporteros, blogueros transmitiendo en vivo, fanáticos obsesivos y curiosos, todos con sus celulares en alto, revisando cada vehículo que entraba.
Al ver la situación, Isabella dio media vuelta y llevó a Floriana a su propia casa.
Floriana estaba catatónica. Solo reaccionó cuando cruzaron la puerta.
—Quédate aquí hasta que pase la tormenta. Después veremos qué hacemos —le dijo Isabella, tocándole el hombro para darle algo de consuelo.
Floriana asintió, y de pronto recordó a Carlota.
—¡Seguro que la escuela también está rodeada de periodistas!
—Tranquila, ya le pedí a Blanca que la fuera a buscar antes de tiempo.
Isabella fue a servirle un vaso de agua. Mientras tanto, el mánager de Floriana llamó para decirle que revisara las redes. Había tres tendencias nacionales sobre el suicidio, y todas apuntaban a Floriana.
—Alguien filtró fotos del lugar y tú apareces en ellas. Hay mil teorías conspirativas, ¿crees que deberíamos publicar una aclaración oficial?
Isabella ni siquiera necesitaba mirar el internet para saber la magnitud del desastre. Facundo había transmitido su intento de suicidio en vivo, y el escrutinio público nunca perdonaba a los artistas. Las redes debían estar inundadas de insultos, culpas y amenazas contra Floriana.
Pero hablar ahora sería un suicidio mediático.
A los ojos del mundo, Facundo seguía siendo su exesposo. Si ella publicaba un comunicado deslindándose justo cuando el cuerpo aún estaba tibio, la tacharían de ser un monstruo sin corazón. Además, cualquier respuesta solo echaría leña al fuego mediático.
—No publiquen nada. Esperemos a que las aguas se calmen.
—Pero las marcas ya están llamando para pedir explicaciones. ¿Qué les decimos?
—Diles que ella no tiene nada que ver con esto y pídeles que confíen en ella.
—Entendido. Trataremos de calmar a los patrocinadores. Y sobre sus proyectos actuales...
—Pónganlos todos en pausa.
Isabella colgó y suspiró profundamente. Floriana había luchado con garras y dientes para escapar del veto de Facundo y limpiar su nombre con su talento, solo para que él la hundiera de nuevo.
Pero esta vez era mil veces peor, porque había un muerto de por medio.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...