—Fuiste tú, tú me denunciaste, ¿verdad?
Facundo miraba a Jairo con los ojos inyectados en odio.
Jairo soltó un suspiro.
—Si quisiera denunciarte, lo habría hecho hace mucho tiempo. Además, no tengo pruebas.
Facundo soltó una carcajada amarga.
—¿Acaso no sería un juego de niños para el gran señor Crespo conseguir esas pruebas?
Jairo negó con la cabeza.
—Cree lo que quieras.
—¡Facu, estoy seguro de que no fue Jai! —intervino Thiago desesperado—. ¡Él nos prometió que te dejaría en paz! Pero por favor, Facu, baja primero, ¡ahí es muy peligroso!
—¡Fui su amigo por tantos años y ahora me obliga a morir! —gritó Facundo.
—¡Facu! —Thiago no pudo contenerse—. ¡Tú fuiste quien mandó a atropellar a Jai! ¡Tú quisiste matarlo primero! ¡Incluso si hubiera sido él quien te denunció, no tendrías derecho a culparlo!
—En ese momento yo...
Facundo quería decir que no fue él quien contrató al sicario, sino su padre, pero con la policía presente no podía mandar a su viejo a la cárcel.
Soltó una risa amarga.
—Supongo que estoy pagando las consecuencias de mis actos.
—Facu, no hemos llegado al final del camino —le rogó Ignacio—. Baja, buscaremos a los mejores abogados para defenderte.
—Yo, Facundo Prado, no le ruego a nadie.
—Crecimos juntos, somos hermanos...
—¡Por eso mismo no dejaré que me miren con desprecio!
En ese momento, Facundo vio llegar a Floriana y una chispa de malicia iluminó su mirada.
—Pensé que ya no te importaba si vivía o moría, pero igual viniste.
Floriana respiró hondo.
—Facundo, no dejes que te pierda el respeto. ¡Baja ya!
—No soportas la idea de que me muera, ¿verdad?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...