—¡Prueben rápido, mi sazón es excelente! —exclamó Tatiana con entusiasmo, invitando a la familia a sentarse.
—Señor Crespo, pruebe estos caracoles de mar salteados, son mi especialidad.
Tatiana le sirvió una porción a Jairo con los cubiertos y esperaba que la elogiara, pero entonces Samuel alzó la voz.
—¡Yo también quiero probar!
Tatiana no tuvo más remedio que servirle a él también.
—¡Yo también quiero! —dijo Lucas, acercando su plato.
Tatiana apretó los labios y le sirvió una porción.
—¡Mamá, tienes que probarlo! —Samuel, encantado con el sabor, le insistió a Isabella.
Antes de que Isabella pudiera responder, Samuel le ordenó a Tatiana:
—¡Sírvele a mi mamá!
A Tatiana le tembló un poco el ojo. La mesa no era tan grande como para que no alcanzaran la comida, ¿por qué tenía que servirles ella?
Isabella contuvo la risa.
—Me sirvo sola.
Lucas se apresuró a decirle a Tatiana:
—Señorita Gutiérrez, mire, mi papá y mi mamá tienen brazos largos, alcanzan cualquier platillo. Pero mi hermanito y yo tenemos brazos cortos, así que solo tiene que servirnos a nosotros.
Tatiana apretó los dientes en silencio. Ese no era el punto, ella no era la empleada doméstica de la familia.
Al ver que Jairo había probado los caracoles, le preguntó de inmediato qué le parecían.
Jairo asintió.
—Están bien. Solo un poco inferiores a los del Chef Benítez del Hotel Crespo.
Era una evaluación muy seria, pero a Tatiana no le sentó nada bien. ¿Por qué tenía que compararla con el Chef Benítez? ¿No podía simplemente decir que estaba delicioso?
Sin embargo, como él reconoció su habilidad culinaria, Tatiana sintió que aún tenía esperanzas, así que peló un camarón y lo puso en el plato de Jairo.
—Estos camarones a la mostaza también son mi especialidad...

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...