—Tú y Carlota deben volver a casa.
La voz de Facundo a través del teléfono hizo que los nervios de Floriana se tensaran de golpe. Era un reflejo condicionado: con solo ver a ese hombre o escuchar su voz, su cuerpo reaccionaba de forma instintiva.
—¡No volveremos!
—¿Ves ese camión de carga blanco que viene por el carril contrario? El número de la matrícula termina en 75.
Floriana miró apresuradamente hacia el otro lado de la carretera y, efectivamente, vio un gran camión blanco cuya matrícula terminaba en 75, acercándose hacia ellos.
—¿Qué... qué intentas hacer?
—Bájate del auto ahora mismo y súbete a la camioneta Cayenne negra que está detrás de ustedes. Iremos directo a casa. De lo contrario, ese camión se estrellará de frente contra Víctor.
—¡Facundo Prado!
—¡Sabes que soy capaz de hacerlo!
Tras decir eso, colgó. Floriana volvió a mirar el camión y le pareció que, efectivamente, iba a invadir el carril contrario. No se atrevió a apostar, porque sabía que Facundo hablaba en serio.
Sin dudarlo, tomó a Carlota en brazos, salió del auto y, sin siquiera tener tiempo de avisarle a Víctor, se subió a la camioneta Cayenne negra que los seguía.
—Así estás contento, ¿verdad? —le preguntó al conductor.
Facundo giró la cabeza para mirarla, con una sonrisa en el rostro pero con la mirada cargada de malicia.
—Floriana, ¿tienes idea del precio que pagué para intentar recuperarte? ¡Ya he arrastrado al Grupo Prado al abismo y me he convertido en el pecador de mi familia! Y si después de sacrificar tanto no logro tenerte de vuelta, por supuesto que me volveré loco y me vengaré de todos. Víctor será el primero, ¡y tú también caerás!
Floriana abrazó a Carlota con fuerza.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...