Josefina escribió en su celular:
—Entonces te llevaremos a un lugar seguro primero, y luego pondremos nuestro plan en marcha.
Lorena asintió.
—De acuerdo.
Aunque le apenaba no poder acompañarlos en su hazaña, sabía que no era momento de juegos. No podía permitirse ser un estorbo.
Manuel propuso:
—Si nos movemos los cuatro juntos, seremos un blanco demasiado fácil. Basta con que uno de nosotros la escolte.
El guardaespaldas respondió:
—Yo tengo que proteger a la señora, son órdenes del director Gutiérrez.
Manuel frunció levemente el ceño.
—No soy muy bueno en reconocimiento táctico, si voy yo, es probable que nos descubran.
Josefina meditó un instante y señaló primero al guardaespaldas y luego a Lorena.
El mensaje era claro: el guardaespaldas debía escoltar a Lorena hacia los cuartos fríos.
El guardaespaldas frunció el ceño, inconforme.
Lorena intervino:
—Amigo, no seas terco en un momento como este, ¿sí? Todos queremos salir de este infierno lo antes posible.
El guardaespaldas aceptó de mala gana y añadió:
—Primero voy a intentar contactar a los demás para ver cómo está la situación en otras partes.
Nadie lo presionó. Esperaron unos instantes, hasta que el guardaespaldas los miró con expresión sombría.
—Perdí la conexión con ellos.
Al escuchar sus palabras, el ambiente se volvió aún más denso.
¿Por qué no podía contactarlos?
O la señal había sido bloqueada por completo, o sus compañeros ya habían perdido la vida.

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