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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 645

El doctor se acomodó las gafas y dijo:

—Por el momento no hay muchos avances. Ya nos hemos puesto en contacto con los mejores oftalmólogos del mundo y tendremos que esperar a que termine la junta médica para discutir un plan de tratamiento.

La miró, tratando de calmarla:

—Señora Gutiérrez, no se preocupe demasiado. Ya le hemos administrado un analgésico especial que aliviará considerablemente el dolor del señor Gutiérrez.

Josefina asintió, con el rostro pálido.

Se levantó y salió del consultorio.

*Seguirá doliendo... Entonces, anoche, ¿acaso no pegó un ojo?*

Pensar en la tristeza y la amargura que él había sentido la noche anterior ahora cobraba todo el sentido.

Josefina bajó la mirada y continuó caminando en silencio.

—Señora.

En ese momento, la voz de Valentín sonó a pocos pasos.

Al escucharlo, ella levantó la vista, y en su pálido rostro asomó un rastro de confusión.

Valentín la miró con una expresión indescifrable, suspiró y le propuso:

—¿Podemos hablar?

Josefina asintió.

Regresaron a la habitación de ella.

Valentín fue directo al grano:

—Estuvo escuchando en la puerta todo este tiempo, ¿verdad?

Josefina se sorprendió bastante; había sido muy cuidadosa, no esperaba que él la descubriera.

Valentín sonrió levemente.

—No tiene que sorprenderse tanto. Me lo dijeron los guardaespaldas. Ya que ahora conoce la situación del director Gutiérrez, ¿podría decirme qué piensa hacer?

Josefina esbozó una leve sonrisa y empezó a teclear. Esta vez no hubo pánico en sus movimientos. Segundos después, la fría voz metálica resonó de nuevo:

—En una relación de dos, solo ellos saben cuántos tragos amargos y dulces han pasado. Lo que nos depare el futuro, ya lo veremos luego. Por ahora, solo quiero que ambos nos recuperemos, que ambos sigamos vivos.

Al escuchar esa voz robótica tan gélida y carente de emociones, Valentín se sumió en un profundo silencio.

—De acuerdo, lo entiendo. No volveré a meterme —asintió Valentín, y luego agregó—: El director Gutiérrez está ahora mismo en su habitación y no permite que nadie se acerque. Señora, ¿quiere ir a verlo?

Josefina se quedó callada un instante y, de repente, escribió:

—¿Se puede replicar este veneno?

Valentín se quedó perplejo.

—Señora, ¿qué tiene en mente?

Una mirada gélida apareció en los hermosos ojos de Josefina, y toda su actitud se volvió imponente.

—Que la gente perversa pruebe su propia medicina, por supuesto.

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