Benjamín levantó una ceja al escuchar su relato y soltó un bufido burlesco.
—¿Una falla en el sistema? ¿Pérdida de datos? ¡Y te creíste ese cuento!
Josefina no supo qué responder.
Volvió a fijar la mirada en los resultados que tenía en las manos, todavía con un gesto de confusión total en el rostro.
—Pero, ¿por qué haría algo así? ¿Por qué me mentiría sobre algo tan delicado? ¿Qué ganaba con ocultarme que no soy su hija?
Benjamín continuó con su análisis:
—Piénsalo bien. Justo después de esa prueba de ADN, fuiste secuestrada. Y el que te llevó no te hizo ningún daño físico, ¿verdad?
Josefina asintió lentamente. Solo recordaba que la habían drogado y que, cuando abrió los ojos, Benjamín estaba ahí. No tenía la menor idea de qué había pasado en el lapso en el que estuvo inconsciente.
La mirada de Benjamín se volvió más sombría.
—Todos los incidentes extraños y peligrosos empezaron a ocurrir a partir de ese momento. Fuiste a hacerte esa prueba, y tu verdadera identidad quedó expuesta. La persona disfrazada de personal de limpieza fue a verificar quién eras y, una vez que lo confirmó, desató los ataques en tu contra.
Sus ojos se clavaron en ella con una mezcla de intriga y suspicacia.
—Josefina, ¿de dónde vienes realmente? Quien sea que esté detrás de esto te tiene pavor, y está aterrorizado ante la simple idea de que reclames tu lugar.
Josefina apretó los puños, frustrada.
—A mí también me gustaría saberlo.
Benjamín curvó ligeramente los labios, y un destello iluminó su mirada.
—Te confieso que este asunto me ha despertado la curiosidad. Te prometo que voy a llegar al fondo de esto. Pero por lo pronto, además de mantenerte alejada de Manuel, también vas a tener que cuidarte la espalda de Emiliano. Aún no sabemos qué papel juega en todo esto, pero te aseguro que los intentos de asesinato en tu contra no habrían sido posibles sin él.
—Yo... —Josefina intentó articular alguna palabra para defenderlo.
Pero Benjamín la interrumpió de tajo:

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