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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 364

Josefina llegó a su edificio y se topó con Manuel en la planta baja.

—Josefina, te ves un poco pálida. ¿Te sientes mal? —preguntó Manuel con el rostro lleno de preocupación. Llevaba una correa de perro en la mano.

Ella asintió.

—Sí, agarré un resfriado.

—Sé preparar un caldo buenísimo que siempre cae bien cuando uno está enfermo —ofreció Manuel—. ¿Quieres que te lleve un poco al rato?

—¿A poco es tan milagroso?

Josefina enarcó una ceja, bastante sorprendida.

Manuel dibujó una sonrisa en sus labios y le dijo:

—Puedes probarlo y comprobarlo tú misma.

—Sale, me parece bien.

La verdad era que a Josefina sí se le antojaba mucho un caldo casero.

Recordó que antes, cuando se enfermaba, Benjamín siempre se las arreglaba para animarla a comer. De hecho, había aprendido a preparar diferentes tipos de sopas solo para abrirle el apetito.

A ella le fascinaba la sazón que él tenía.

Bajó la mirada por un segundo y apartó esos pensamientos confusos de su mente.

—Sube a tu departamento y espérame ahí —le dijo Manuel—. Te lo llevo en un rato más.

—Sale, muchas gracias, Manu —Josefina le respondió con una dulce sonrisa.

—No tienes nada que agradecer. Anda, ve a descansar.

Josefina se despidió de él con la mano y tomó el elevador.

Josefina empujó la puerta de su departamento y entró. Se topó de inmediato con su abuela, que estaba sentada en el sofá de la sala y tenía el rostro marcado por la preocupación.

—Abuela.

Josefina se acercó rápido para darle un breve abrazo a su abuela, pero en cuanto la soltó se alejó hasta mantener una sana distancia de un par de metros.

La abuela se quedó desconcertada. Ni siquiera le había dado tiempo de revisar bien su semblante y su nieta ya se había hecho para atrás.

—¿Por qué te haces para allá? Acércate para que te vea bien.

Pero Josefina negó con la cabeza.

—No puedo, abuela, ando engripada y no quiero contagiarte. Ya me siento mucho mejor, así que no te mortifiques por mí. Me voy a encerrar a mi cuarto unos días. Hasta que se me pase el bicho, te vengo a abrazar.

Dicho esto, se dio media vuelta y corrió a refugiarse a su habitación.

La señora Suárez se quedó con la boca abierta ante lo repentino de la situación.

Esa chamaca... siempre igual de exagerada.

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