Teresa ya había salido al jardín. Su tono se volvió un poco más frío:
—Si no hubieras cruzado esa línea, Benjamín jamás te habría mandado tan lejos. Ya estás mayor, ¿por qué te empeñas en seguirte metiendo en lo que no te importa?
Helena bufó indignada:
—¿Dejar las cosas así nomás? ¿Para ver cómo esa arribista destruye la armonía de los Gutiérrez? ¡Si dejamos que se siga colando en esta familia, los únicos afectados seremos nosotros!
—Pero el que se aferra a no firmar el divorcio es Benjamín. —Teresa se sobó la sien con fastidio—. Josefina ya hasta metió una demanda. Si él no la quiere soltar, ¿qué le vamos a hacer?
—¡Pamplinas! —se quejó Helena con amargura—. A saber qué clase de embrujos sucios utilizó esa mujer para tener a mi nieto bajo sus faldas.
Teresa no supo ni qué responder ante tal tontería.
Aquella afirmación la había dejado sin palabras.
Pero justo ahora, tenía algo muy urgente que platicar y su expresión se endureció:
—Mamá, te recuerdo que Benjamín es el jefe del Grupo Gutiérrez. Es el único hijo que me queda, tu único nieto varón, te suplico que le bajes a tus groserías.
Helena soltó un bufido, pero no volvió a replicar.
—Hay un tema que le estuve dando vueltas y creo que debes estar al tanto, más que nada para que no te agarre por sorpresa —soltó Teresa poco a poco.
—¿De qué me hablas? —quiso saber Helena.
Teresa explicó:
—Yo también pienso que Josefina ya no pinta nada entre los Gutiérrez. Así que se me ocurrió un plan: si logramos que Benjamín y Magdalena terminen juntos, él pedirá el divorcio por cuenta propia, y ella no tendrá otra opción que irse.
—¡Por supuesto que no!
Helena puso el grito en el cielo de inmediato:
—¿Perdiste la cabeza? ¡Un hombre enredándose con su cuñada viuda! ¿Acaso quieres que los Gutiérrez nos convirtamos en el hazmerreír de todo mundo? Teresa, ¿de dónde sacas unas ideas tan espantosas? ¡Que te quede claro que jamás lo aprobaré!
—¿Y tienes algún plan mejor? —contraatacó Teresa de manera tajante.

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