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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 323

En la sala de la casa imperaba una atmósfera fúnebre. Las empleadas caminaban de puntitas. Teresa tenía un álbum de fotos en las manos; su rostro reflejaba una tristeza inocultable.

Magdalena y Alberto no se encontraban allí. Josefina entró y, al notarlo, se relajó un poco.

Teresa levantó la mirada y le preguntó:

—¿Ya terminaste de platicar con Benjamín?

—Sí —respondió Josefina en un hilo de voz, mientras se acercaba a tomar asiento en un sillón individual.

Sin embargo, Teresa palmeó el asiento junto a ella y la llamó:

—Ven, siéntate aquí conmigo.

Josefina no entendió el motivo, pero de igual forma hizo caso.

—Mira, así era Diego de joven. —Teresa señaló una fotografía—. Apenas le llevaba un año de diferencia a Benjamín. ¿A poco no se parecían mucho los dos hermanos?

En la imagen aparecían ambos. Se veían sumamente jóvenes y llenos de vitalidad.

Diego, con una sonrisa ligera, miraba a la cámara con ojos tiernos y llenos de vida; Benjamín, por el contrario, aparecía acomodándose el cabello, luciendo una sonrisa arrogante e impulsiva, con el otro brazo apoyado sobre el hombro de su hermano.

Tenían los mismos rasgos e incluso eran casi de la misma estatura.

—Diego tenía un carácter dócil, sabía cómo tomar el control de las cosas. Lo preparamos para que él estuviera al frente del Grupo Gutiérrez, y lo hizo de maravilla... —explicó Teresa en voz baja.

Josefina observó con atención la foto, invadida repentinamente por una sensación muy extraña.

No sabía de dónde provenía ese presentimiento, lo que solo la confundió más.

Teresa soltó un largo suspiro:

—Ay... El único problema fue su matrimonio. Escogió a una esposa que a mí nunca me dio confianza. Si Magdalena no hubiera salido embarazada, jamás habría dejado que se casaran. Lástima que no pudo lograr a ese bebé.

Josefina desconocía esa parte de la historia.

Teresa continuó:

—Pero bueno, al menos él siguió siendo muy trabajador después de la boda, y Magdalena se portó a la altura de las circunstancias. Sin embargo, nadie se imaginó que después fuera a pasar esa tragedia...

Josefina desvió la mirada y le sugirió con suavidad:

—Señora Gutiérrez, lo hecho, hecho está. Trate de no darle vueltas al asunto, le hará daño estresarse así.

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