—Ethan, tarde o temprano tu hermana recuperará la memoria, y la verdad saldrá a la luz. En lugar de culparme a mí, deberías preguntarte por qué, en aquel entonces, ni siquiera investigaste y simplemente asumiste que fui yo quien la empujó—.
Ethan contuvo la respiración, sintiendo como si un martillo le hubiera golpeado el pecho, un dolor sordo y asfixiante.
Sí, ¿por qué?
¿Fue porque Tania, llorando a lágrima viva, señaló a Leonor?
¿Fue porque Leonor tenía un historial de «mala conducta», mientras que Tania siempre había sido dócil y obediente?
¿O fue porque…?
En su subconsciente, ¿simplemente no quería indagar más?
En ese momento, Luna comenzó a calmarse, su respiración se volvió más regular.
Abrió los ojos débilmente, su voz apenas un susurro: —Hermano… creo que… vi algunas imágenes…—.
Temiendo que sus emociones se descontrolaran de nuevo, Ethan se arrodilló a su lado y le tomó la mano.
—Ya está, no pienses en eso ahora. Lo más importante es que descanses—.
Pero Luna negó con la cabeza, su mirada era confusa y perdida: —Pero… en esas imágenes, Tania… ella…—.
—¡Luna!—.
Ethan la interrumpió, su tono era algo apremiante. —Ahora lo que necesitas es descansar. Investigaré lo que pasó, te prometo que encontraré la verdad para ti y para Leonor—.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había dicho esa frase.
Leonor soltó una risa burlona, sin ganas de seguir presenciando su actuación.
Guardó sus agujas y se dio la vuelta para marcharse.
Justo cuando se iba, Luna la agarró de repente por el borde de la ropa, visiblemente alterada. Las lágrimas brotaron de sus ojos, haciendo que Leonor se detuviera.
—Leonor… de verdad lo he recordado…—.
Ethan se quedó paralizado.
Luna levantó la cabeza, su mirada se aclaró gradualmente: —Ese día… antes de que me empujaran, Leonor no estaba allí…—.
—Aunque no sé quién me empujó, ¡estoy segura de que no fue Leonor!—.
El aire en la sala de rehabilitación se volvió denso.
Leonor observó la escena con frialdad, una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios.
Ella se detuvo, sin volverse.
—Yo…—, la nuez de Adán de Ethan se movió, su voz era grave y ronca. —Investigaré lo que pasó aquel año—.
Que investigara o no, a Leonor ya no le importaba.
Leonor soltó una risa ligera, su tono era gélido: —Como quieras—.
Abrió la puerta y se fue sin mirar atrás.
Por la tarde, en la salida de la zona VIP del aeropuerto.
Leonor empujaba su maleta mientras Jessica, agarrada de su brazo, no paraba de hablar.
En realidad, había planeado viajar sola y en silencio.
Su círculo social era reducido y, habiendo salido de la cárcel hacía poco, no tenía muchos amigos.
No esperaba que nadie viniera a despedirla.
Pero, de alguna manera, Jessica se había enterado de su viaje.

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