—No lo recuerdo con claridad...—.
Luna se llevó las manos a las sienes, con expresión de dolor. —Solo recuerdo que había dos personas de pie en lo alto de las escaleras...—.
—Pero no puedo ver sus caras...—.
Luna se esforzó por recordar, pero cuanto más lo intentaba, más parecía resistirse su sistema de defensa.
Se abrazó la cabeza, adolorida, mientras gotas de sudor frío perlaban su frente. Imágenes fragmentadas pasaban ante sus ojos sin cesar.
Y realmente logró ver algunas cosas.
El viento frío en la azotea, la mirada de odio de Tania, una sensación de mareo, un empujón en las escaleras, el rostro horrorizado de Leonor...
—Ah… me duele mucho la cabeza...—.
Se acurrucó en la cama, agarrando las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Al ver a su hermana sufrir.
Ethan se abalanzó sobre Leonor y la agarró por la muñeca, intentando detenerla.
Su agarre era tan fuerte que casi le rompe el hueso: —¡Basta ya! ¿Quieres que a Luna le pase algo por tu culpa?—.
Pero Leonor se soltó de un tirón, con una mirada penetrante: —Ethan, pregúntate a ti mismo, ¿de verdad investigaste a fondo lo que pasó aquel año?—.
—Todos decían que fui yo quien la empujó, ¿pero lo viste con tus propios ojos?—.
—¿Por qué no pudo ser Tania?—.
Las pupilas de Ethan se contrajeron: —¿Qué tonterías dices?—.
—Ese día, Luna me citó para contarme un gran secreto sobre Tania, pero antes de que pudiera decírmelo, Tania nos escuchó—.
—Buscó una excusa para alejarme y, cuando volví, ¡Luna ya se había caído!—.
Leonor pronunció cada palabra con claridad: —Si de verdad hubiera sido yo, ¿por qué los Sandoval no quiseron enseñarles las grabaciones de las cámaras de seguridad?—.
—Las cámaras no se estropean ni antes ni después, ¿sino justo después del accidente de Luna?—.
—¡Y ustedes se creen semejante coincidencia!—.
—Luna...—.
Dio un paso adelante, pero no se atrevió a tocarla, por miedo a empeorar su malestar.
Leonor lo miró de reojo y dijo con calma: —Tranquilo, solo es una reacción a la estimulación de su memoria. No corre peligro—.
Ethan frunció el ceño.
Aunque no hubiera sido Leonor quien empujó a Luna, su afán por defenderse había provocado el sufrimiento de Luna.
Ethan no pudo evitar sentir un poco de resentimiento hacia Leonor.
—Si no hubieras sacado a relucir lo de aquel año, ¿Luna se habría puesto así?—.
—¿Mi culpa?—.
Leonor ya no tenía fuerzas para enfadarse, simplemente pensó que Ethan era un caso perdido.
Soltó una risa irónica, mientras sus dedos seguían presionando firmemente los puntos de acupuntura de Luna.

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