Ethan apretó el teléfono: —Bueno... Quiero invitarte a cenar, ¿te parece? Como agradecimiento por haber cuidado de Luna todo este tiempo—.
—No es necesario.
—No tengo tiempo.
Era la primera vez que Leonor salía del país, y para evitar contratiempos, últimamente se había estado empapando de las costumbres y el idioma del país Z.
—¿En qué estás ocupada?—.
—Voy a salir del país—.
—¿A dónde?—.
—¿Y a ti qué te importa?—.
—Si no hay nada más, voy a colgar—.
Las respuestas de Leonor eran tan breves que rozaban la frialdad, como si cada palabra que le dirigía fuera una pérdida de tiempo.
Esto hizo que Ethan sintiera una opresión en el pecho. Quiso decir algo más, pero del otro lado ya se oía el tono de llamada finalizada.
Leonor había colgado.
Se quedó mirando la pantalla en negro, con un sentimiento complicado.
La frialdad de la Leonor de ahora contrastaba tanto con la timidez y alegría de antes, que no pudo evitar sentirse un poco mal.
Al otro lado, Leonor no tenía tiempo para sus sentimentalismos ni sus preocupaciones.
Después de colgar, decidió ir de compras al centro comercial.
No tenía tiempo para comer con Ethan.
Leonor había terminado todos los trámites en esos días, y solo le quedaban uno o dos días libres.
Pensó que, ya que se iba al extranjero, no podía vestir de forma demasiado modesta, así que decidió darse una vuelta por las tiendas.
Si iba al país Z, tenía que tener al menos un par de conjuntos decentes.
Rara vez iba de compras, pero si iba a viajar al extranjero, no podía seguir usando la misma ropa informal desgastada por los lavados.
Leonor se dirigió a la calle comercial más famosa de la zona y, después de casi media hora de paseo...
Gritó con voz firme a los curiosos. Rápidamente, sacó una píldora marrón de su bolso, le abrió la mandíbula a la joven y se la colocó debajo de la lengua.
Era una Esfera Purificadora, una de las que había preparado según la receta secreta de la abuela Vargas después de salir de la cárcel. Solo tenía una docena y, por suerte, la llevaba encima.
Había que decir que la joven tuvo mucha suerte. La Esfera Purificadora era justo lo que necesitaba para aliviar su reacción alérgica aguda.
Al mismo tiempo, Leonor le desabrochó el cuello de la ropa con una mano y le levantó la barbilla para asegurarse de que las vías respiratorias estuvieran despejadas. Con la otra mano, ya estaba llamando a emergencias.
—Hola, estoy en el primer piso del centro comercial del centro. Hay una mujer con un shock anafiláctico. Ya le he dado los primeros auxilios. Cuando vengan, recuerden traer adrenalina y equipo de intubación—.
Leonor describió la situación y dio sus recomendaciones con tanta claridad que el operador del otro lado de la línea se sorprendió: —¿Es usted personal sanitario?—.
—Sí. He estudiado un poco de medicina—.
—La situación de la joven parece muy grave, intenten llegar lo antes posible—.
Respondió Leonor brevemente.
—De acuerdo, enviaremos una ambulancia lo antes posible. Por favor, vigile el estado de la paciente—.
El operador tomó nota, colgó y avisó al hospital más cercano para que enviaran una ambulancia.

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