Se acercó un paso más, bajando aún más la voz: —Cuando Luna tuvo el accidente, Tania hizo mucho por nuestra familia. Ustedes llevan cuatro años comprometidos, ya es hora de que piensen en casarse—.
Ethan frunció el ceño: —Ahora mismo no tengo cabeza para pensar en eso—.
Además, Tania nunca le había mencionado que quisiera casarse.
Y con la pierna de Luna recién recuperada y su amnesia y rehabilitación por delante, ¿cómo iba a tener tiempo para pensar en matrimonio?
—¿No tienes cabeza? —la señora Ramos lo miró con agudeza—. ¿O es que no tienes cabeza para eso, pero sí para Leonor?—.
Ethan levantó la cabeza bruscamente.
La señora Ramos lo miró fijamente y dijo palabra por palabra: —Ethan, no me decepciones—.
Tras decir esto, la señora Ramos se marchó.
Ethan permaneció en el rincón, en silencio, durante casi media hora.
Se dirigió a la habitación de Luna.
Escuchando la conversación que salía de dentro.
Su expresión era indescifrable.
Dentro de la habitación, Luna todavía quería seguir charlando con Leonor, pero de repente se oyeron pasos afuera.
Ethan entró con una expresión no muy agradable: —Luna, es hora de descansar—.
Luna hizo un puchero: —¡Ya lo sé!—.
Le guiñó un ojo a Leonor. —¡Nos vemos en unos días!—.
Leonor asintió y se preparó para irse con su maletín de medicinas.
Ethan la siguió, acompañándola en silencio hasta la puerta.
La brisa nocturna era fresca. Justo cuando Leonor iba a dar un paso, Ethan la llamó de repente:
—Leonor—.
Ella se dio la vuelta.
Ethan estaba de pie en el límite entre la luz y la sombra, su voz era grave: —... Gracias—.
Leonor lo miró durante dos segundos, asintió levemente y se fue.
Ethan se quedó allí, viendo cómo su silueta desaparecía en la oscuridad de la noche, apretando los puños.
Era el teléfono de Leonor.
Cuando contestó, la voz de Leonor seguía siendo fría y distante: —¿Qué pasa?—.
Ethan tragó saliva, sin saber qué decir.
No podía decirle: «Estos días no paro de soñar contigo».
Sonaría demasiado cursi.
Y podría dar lugar a malentendidos.
—... Dijiste que querías alquilar el local de los Ramos, ¿sigues interesada?—.
Ethan buscó la excusa más torpe que se le ocurrió.
Hubo un silencio de dos segundos al otro lado de la línea.
—No, gracias. Ya compré otro—.
La voz de Leonor era tranquila. De fondo, se oía el sonido de papeles al pasar, claramente estaba ocupada.

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