Jessica Fuentes, al ver que las expresiones de la gente a su alrededor se suavizaban, insistió aún más.
—Además, nadie aquí se deja manipular por un par de frases al azar.
—Piénsenlo bien, ¿y qué si Leonor estuvo en la cárcel? El abuelo y yo lo sabíamos, Leonor no nos engañó.
—En cambio…
—Petra Sandoval, en el día del 80 cumpleaños del abuelo, incluso si querías advertirle, deberías haberlo hecho en privado.
—Delante de tanta gente…
—Si lo que querías era satisfacer tus propios deseos o si de verdad pensabas en el bien de Don Cillin, tú misma lo sabes muy bien en tu corazón.
La mirada de Jessica se clavó afiladamente en Petra Sandoval.
Ya no era la joven dulce que mostraba ante Leonor.
En su lugar, reveló una fuerza inusual.
Cada palabra de Jessica era como una daga, haciendo que la gente a su alrededor dirigiera instintivamente su mirada hacia Petra Sandoval.
Esas miradas inquisitivas hicieron que Petra, ya de por sí culpable, se enojara aún más.
Y culpó de toda esa humillación a Leonor.
¡Si no fuera por Leonor, no estaría pasando por esta vergüenza!
Petra Sandoval, entre la ira y la vergüenza, todavía quería discutir.
Pero Jessica se le adelantó, tomando la iniciativa.
—Bueno, me alegra que el malentendido se haya aclarado.
—En el futuro, todos deberían estar más alerta y no tener cerca a personas que, bajo la bandera de actuar por su bien, en realidad no consideran las consecuencias en absoluto.
Jessica miró a Petra Sandoval con sarcasmo, dejando su intención muy clara.
Petra Sandoval había perdido su mejor oportunidad para defenderse.
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