Justo cuando Begoña iba a hablar, el abuelo aplaudió de repente, y su voz fuerte interrumpió a todos.
—¡Bueno, bueno! Fue solo un pequeño malentendido, ¡no le den importancia! ¡Vengan, vamos a cortar el pastel!
En ese momento, la cena ya había avanzado bastante. Los invitados se reunían en pequeños grupos, charlando y riendo. Entre brindis, la mirada de Leonor se desvió sin querer hacia la entrada del salón de banquetes.
La figura de David aún no había aparecido.
David no había regresado.
Leonor bajó la mirada, sus dedos acariciando suavemente el borde de su copa, una sensación de desilusión indescriptible se apoderó de ella.
—¡Leonor, no te quedes ahí parada, ven a comer pastel!
Don Cillin la llamó con una sonrisa, sosteniendo un delicado trozo de pastel de crema.
Leonor volvió en sí y lo aceptó con una sonrisa: —Gracias, abuelo.
El abuelo le dio una palmadita en el hombro y le susurró: —¡No hagas caso a esos chismes, el abuelo confía en ti!
El corazón de Leonor se sintió un poco más cálido y asintió.
Después de unas copas de vino, tanto Leonor como Jessica Fuentes estaban un poco mareadas.
—¡Vamos a tomar un poco de aire!
Jessica la tomó de la mano y caminó alegremente hacia el jardín.
La brisa nocturna era fresca, el aroma de las flores flotaba en el jardín y la luz de la luna se derramaba sobre el sendero de piedra, proyectando dos sombras largas y esbeltas.
Leonor respiró hondo, sus nervios tensos finalmente se relajaron.
Sacó su celular y solo entonces vio el mensaje no leído en la pantalla.
«¿Tienes un momento libre esta tarde? Me gustaría invitarte a cenar para hablar de algunas cosas.»
Era de David.
El corazón de Leonor dio un vuelco.
¿David había regresado?
Jessica se acercó y, sin querer, vio el mensaje. Sus ojos se iluminaron al instante.
¡Recordaba esa foto de perfil!
¡Era la foto de WhatsApp de su primo David!
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