Elevó la voz deliberadamente, mirando a su alrededor.
—¿Acaso no se han enterado?
—La hija mayor de la familia Sandoval, Leonor, fue a prisión hace cuatro años por lesiones dolosas.
—¡Y no hace mucho que la soltaron!
Al terminar de hablar, ¡la sala entera estalló en un murmullo!
—¿Qué? ¿Estuvo en la cárcel?
—¿Cómo es que Don Cillin se relaciona con gente así?
—Seguro que lo engañaron. Las chicas de ahora son tan astutas que hasta se atreven a engañar a Don Cillin.
—Acaba de salir de la cárcel y ya está engañando a la gente, ¿no será una delincuente habitual?
—¿La familia Sandoval? ¿Qué familia Sandoval? ¿No será la del Grupo Sandoval?
—¿La familia de Enrique Sandoval? Creo que había oído algo al respecto.
—Sí, es cierto que pasó algo así.
Los murmullos se extendieron. Leonor, de pie en su sitio, sintió las miradas de todas partes. Apretó ligeramente los puños, pero su rostro permaneció tranquilo.
Lo que tenía que venir, al final llegaba.
Leonor se sintió aliviada de haberle contado todo a Don Cillin de antemano.
Así no lo tomaría por sorpresa.
El rostro del abuelo se ensombreció de repente y estaba a punto de hablar, pero a su lado, Elisa se adelantó con voz fría.
—Quién es la señorita Sandoval lo sabemos mejor que usted, ¿quién le dio derecho a meterse en lo que no le importa?
Petra Sandoval se quedó sin palabras, pero rápidamente fingió sentirse agraviada.
—Señora Elisa, yo solo estoy diciendo la verdad…
—Lo hago porque temo que los hayan engañado.
Petra Sandoval no esperaba que Elisa defendiera tanto a Leonor.
¿No era más que una mujer de clase baja que había estado en la cárcel?

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