Después de enviar el mensaje, guardó su celular y caminó hacia la salida del aeropuerto.
Condujo directamente al hospital privado donde se encontraba Lucas.
Antes de ir a la mansión, tenía que asegurarse de que Lucas estuviera bien instalado.
El poder de la familia Cillin en el país era mucho mayor que en el extranjero.
Organizar todo era más fácil y rápido.
En solo una hora, David ya había acomodado a Lucas.
Fuera del Pabellón Privado del Hospital Metropolitano, guardaespaldas vestidos de negro esperaban en guardia. Al verlo, lo saludaron respetuosamente: —Señor Cillin.
Él asintió levemente y entró en la habitación.
En la cama, Lucas seguía inconsciente, con el rostro pálido y la respiración débil.
La mirada de David se ensombreció.
Aunque los tentáculos de ese grupo aún no llegaban al país, después de la lección anterior…
David decidió asignar más personal para proteger a Lucas.
David le dio órdenes con voz fría a Ricardo, quien había corrido desde el Grupo Cillin tan pronto como se enteró de su regreso.
—Ricardo, da la orden de aumentar el personal. Que hagan turnos de 24 horas. Si se acerca alguna persona sospechosa, contrólenla de inmediato.
—¡Entendido!
Una vez que todo estuvo arreglado, David miró la hora y se fue.
Condujo hacia la mansión familiar.
En la Mansión, en el salón de banquetes.
Los invitados llegaban uno tras otro. Entre brindis y conversaciones, Don Cillin, con el rostro radiante, tomó la mano de Leonor y subió al escenario principal, diciendo a todos con una sonrisa.
—Queridos amigos, hoy no solo es mi fiesta de cumpleaños, gracias a todos por venir a pesar de las dificultades para acompañarme.
El abuelo primero expresó su gratitud a todos y luego presentó solemnemente a Leonor.
—Hoy, en un día tan feliz, quiero presentarles a una joven amiga muy especial: ¡Leonor Sandoval!
Los aplausos resonaron en la sala mientras todos la miraban con curiosidad.
El abuelo, muy orgulloso, continuó presentándola.


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