Incluso había comentado que Jessica había tenido mucha suerte.
Elisa sonrió, y al hablar del tema, su voz se llenó de admiración por Leonor.
—En aquel momento, para agradecerle, Emma y yo la invitamos a comer.
—Y fue una suerte que lo hiciéramos, porque al conocerla en persona…
—Vaya, en cuanto la vi, tan guapa, tan capaz, y con esa forma de hablar y actuar tan serena y elegante.
—En ese mismo instante pensé que hacía una pareja perfecta con David. Lástima que en ese momento ella no estuviera interesada. ¡Quién iba a decir que también lo conocía a usted!
—¡Y que usted pensaba lo mismo!
El abuelo soltó una carcajada: —¡Pues perfecto! ¡Unamos fuerzas y juntemos a estos dos cuanto antes!
Elisa lo pensó un momento, y luego expresó su preocupación.
—Pero… el carácter de David, ya lo conoce. Nunca le han interesado los asuntos del corazón. ¿Y si no quiere…?
Al hablar de su hijo, tan frío y distante, a Elisa le dolía la cabeza.
No era la primera vez que intentaba presentarle a alguien.
Pero David siempre decía que no tenía tiempo, siempre se negaba.
No sabía cuándo podría conseguirle una nuera.
El abuelo hizo un gesto con la mano, lleno de confianza.
—¡No te preocupes! ¡Me he dado cuenta de que David trata a Leonor de manera diferente!
—No sabes, el otro día hasta me pidió el número de Leonor.
—Tú conoces mejor que nadie el carácter de tu hijo. Si no sintiera algo por ella, ¿me pediría su número?
Los ojos de Elisa se iluminaron: —¿De verdad?
¿Su futura nuera ya estaba en camino?
El abuelo se acarició la barba con orgullo.
—¡Por supuesto! Así que hoy tenemos que crear la oportunidad perfecta para que pasen más tiempo juntos.
Elisa sonrió y asintió: —¡De acuerdo, papá, no se preocupe, déjelo en mis manos!
Mientras tanto, en el aeropuerto.
David acababa de bajar del avión. Al encender su teléfono, aparecieron varias notificaciones de mensajes no leídos.

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