La frente de Luna perlaba de sudor, pero su mirada era firme, y caminaba con más seguridad que antes.
—Muy bien, aguanta cinco pasos más.
Luna respiró hondo, a punto de dar un paso.
De repente, una voz suave sonó en la puerta.
—¡Luna, he venido a verte!
Luna se detuvo, su cuerpo se tambaleó ligeramente. Leonor la sujetó de inmediato y levantó la vista hacia la puerta.
Tania Sandoval, del brazo de Ethan Ramos, lucía una sonrisa amable, pero su mirada se llenó de sorpresa al ver a Leonor.
¿Qué hacía Leonor aquí?
¿No había dejado de tratar a Luna desde que se recuperó?
No podía revelar que sabía que Leonor estaba tratando a Luna.
Tania abrió los ojos de par en par, fingiendo sorpresa: —¿Leonor, qué haces aquí?
Leonor no le hizo caso.
Ethan frunció el ceño, claramente tampoco esperaba encontrarse con Leonor aquí.
Tania soltó su brazo y se acercó rápidamente a Luna, intentando tomarle la mano con familiaridad.
—Luna, ¿cómo te estás recuperando últimamente? He querido venir a verte, pero no quería molestarte...
Luna retrocedió instintivamente, evitando su contacto, su tono era frío.
—Estoy bien.
La mano de Tania quedó suspendida en el aire. Su sonrisa no vaciló, pero sus ojos se oscurecieron un poco.
Retiró la mano y dirigió su atención a Leonor, su tono teñido de una falsa preocupación.
—Leonor, ¿todavía no me has dicho qué haces aquí?
—¿No es que a la señora Ramos no le gusta mucho que estés por aquí? Así... ¿no se enfadará la señora?

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