Antes de que Sierra pudiera responder, Susie continuó, con un tono firme pero sereno.
—No sé qué tan familiarizada está con la familia Zach. En este momento estamos en desventaja, sí, pero solo porque no estábamos preparados. Si esto se convierte en una guerra total, nadie gana. No quiero que lleguemos a ese punto. Y no creo que usted quiera ver a Jonathan lastimado tampoco.
—¿Me está amenazando? —la voz de Sierra se tornó cortante.
—No es una amenaza —dijo Susie con voz serena—. Es simplemente la realidad de lo que podría ocurrir. Aunque quisiera detenerlo, ¿qué poder tengo yo? Solo soy una hija casada. Frente a las ganancias, mis palabras carecen de valor. La familia Zach tiene demasiado en juego y cuando las personas sienten que pueden perderlo todo, actúan con desesperación. Créame, no deseo que Jonathan quede atrapado en ese fuego cruzado. Él es el único legado que Cindy dejó en este mundo.
Quizás fue la forma en que pronunció el nombre de la madre de Jonathan, o aquella mirada cargada de melancolía, lo que llevó a Sierra a preguntar:
—Si les tenía tanto aprecio... ¿por qué los lastimó en primer lugar?
Sierra podía visualizar lo sucedido: la madre de Jonathan destrozada y desesperada, traicionada tanto por el hombre que amaba como por su confidente más cercana. Era fácil entender cómo todo había culminado de aquella manera tan trágica.
—No es... —comenzó Susie, deteniéndose con un suspiro profundo—. Lo que ocurrió entonces... correcto o incorrecto, ya es pasado. No estoy aquí para desenterrar viejas heridas. Solo intento reparar lo que está en mis manos ahora. Si es posible, espero que pueda persuadir a Jonathan de que deje en paz a la familia Zach. Me llevaré a Jose y abandonaremos el país. Para siempre.
Ella creía que eso era más que suficiente sinceridad. Pero Sierra no estaba de acuerdo.
—Lo siento. No puedo ayudarla.
—Usted... —Susie parecía sorprendida y ansiosa, lista para decir más.
Sierra la interrumpió.
—No interferiré con las decisiones del Sr. Yeager. Si ha decidido ir tras la familia Zach, no lo detendré. Si llevar esto hasta el final le trae paz, entonces creo que vale la pena.
Susie quedó atónita. No podía creer lo que escuchaba. Según su investigación, Sierra era quien había defendido a las víctimas en Maviston, quien había acogido al hermano pequeño de una extraña tratándolo como propio. Se suponía que era amable. Compasiva. ¿Por qué estaba diciendo esto?
Intentando razonar, Susie se apresuró a responder:
—La familia Zach emplea a decenas de miles de personas. Si colapsa, son decenas de miles de familias que perderán su sustento. ¿Realmente está bien con eso?
Los dedos de Sierra se crisparon ligeramente, pero su voz permaneció serena.
—Quizás me ha malinterpretado. No soy Dios. No tengo el corazón de una santa. Solo puedo salvar a una persona. Y ya he hecho mi elección. Lo siento.

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