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La Heredera del Poder romance Capítulo 2870

—¿Que no pueda dejar de pensar en ella? —Santiago miró a Mariana, sorprendido, sin poder creer que Vicente hubiera amado alguna vez a alguien que no pudo conseguir.

¡Eso era imposible!

¿Vicente? ¿Quién era Vicente Solos? El jefe de los jefes, el tipo que siempre conseguía lo que quería. ¿Qué clase de mujer podría rechazar a Vicente?

¡Era de no creérselo!

Al ver la expresión de Santiago, Mariana se quedó pensativa.

¿Será posible…?

¿En serio Santiago no sabía nada de eso?

Pero vamos, Santiago era el asistente personal de Vicente. Si ni él lo sabía, ¿entonces quién? ¿Quién sería esa mujer imposible para Vicente?

En ese momento, Santiago pareció recordar algo y dijo:

—Mariana, ¿sabías que el jefe estuvo buscando a alguien durante mucho tiempo? Yo creo que tiene que ver con eso.

—¿A quién? —preguntó Mariana, intrigada.

—Parece que era una niña… bueno, ya no es una niña, pero escuché que tenía algo que ver con la infancia del jefe —explicó Santiago—. Por eso, el jefe investigó a la señorita Muñoz… Yolanda Muñoz.

Santiago tampoco sabía muchos detalles, sólo lo justo. Sabía que había algo, pero nada más.

Mariana pareció recordar también algo y preguntó:

—¿Y después qué pasó?

Santiago pensó un momento.

—Después, la señorita Muñoz fue a la cárcel por homicidio. Luego se fugó y al final dicen que murió tratando de escapar.

Mariana asintió suavemente.

¿Será esa Yolanda Muñoz?

Se puso de pie y miró a Santiago.

—Gracias por contarme todo esto, Santiago.

—No tienes por qué, Mariana —respondió él, levantándose también.

Mariana sonrió.

—Yo ya pagué la cuenta, y tengo que irme, tengo unos pendientes.

Avanzó unos pasos y, como si se acordara de algo, se volvió y añadió:

—Dejé que empacaran unos postres para que los lleves a tu familia, para que los prueben.

—¡Gracias, Mariana! —respondió Santiago, agradecido.

La mirada de Mariana se entristeció por un instante, pero insistió:

—No importa eso ahora, abuelo. Sólo quiero que me cuente lo que pasó en ese entonces.

Don Albarracín se sumergió en sus recuerdos y empezó a hablar despacio:

—A Vicente lo secuestraron de niño. Ese día, había una niña que quedó encerrada con él. Después supe que era la señorita Muñoz.

Hizo una pausa y continuó:

—Dicen que esa niña le dio mucho consuelo a Vicente. Si no hubiera sido por ella, tal vez Vicente no habría resistido.

Mariana escuchó cada palabra con atención.

Si todo era como decía su abuelo, esa persona especial para Vicente era probablemente la señorita Muñoz, esa que ya había muerto.

Por eso ese amor era imposible.

Por un instante, Mariana vio una luz de esperanza: Yolanda Muñoz ya no estaba. Aunque Vicente siguiera amándola, sólo podía guardarla en su corazón.

Mariana se agachó frente a don Albarracín.

—Abuelo, quiero pedirte un favor.

Don Albarracín se sorprendió. Su nieta nunca le había hablado con ese tono tan serio.

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