Sebastián sonrió y dijo:
—Mi prometida lo preparó.
Arsenio se quedó callado unos segundos, mirando a Sebastián como si no lo reconociera. ¿Desde cuándo Sebastián se había convertido en un fanático de presumir a su novia?
...
En otro lugar.
Santiago llegó al café donde había quedado con Mariana. Él, como siempre, llegó media hora antes, pensando que seguro tendría que esperar un buen rato.
Pero para su sorpresa, apenas entró al local, vio a Mariana sentada en una mesa de rincón, agitándole la mano para saludarlo.
Por un momento, Santiago pensó que estaba alucinando. Se apresuró y fue directo hacia ella.
—¡Mariana! —la llamó, sonriendo.
—Ya te pedí el café —le respondió Mariana con una sonrisa tranquila.
—Gracias, Mariana —dijo Santiago, sentándose frente a ella.
Mariana tomó la cucharita de plata y revolvió su café antes de decir, sin darle mayor importancia:
—No hay de qué.
Santiago le dio un sorbo a su café y, luego de un silencio breve, preguntó:
—Por cierto, Mariana, ¿para qué querías que nos viéramos hoy?
Normalmente, Mariana solo lo buscaba cuando se trataba de algún asunto relacionado con Vicente. Esta vez, seguro era lo mismo.
Mariana fue directa:
—Quiero saber si tu jefe Solos ha estado saliendo últimamente con alguna chica o si ha tenido más contacto de lo normal con alguna.
Tal como lo había imaginado.
—¿Con alguna chica? —Santiago se hizo el sorprendido.
—Sí —respondió Mariana, con ansiedad disfrazada de curiosidad. Quería saber cómo era la chica que le gustaba a Vicente. Quería conocerla, acercarse, aprender de ella. Pensaba que, si había conseguido llamar la atención de Vicente, debía ser una mujer extraordinaria.
Santiago se quedó pensando un momento antes de contestar:
—No, la verdad es que no. El jefe es de costumbres muy fijas, y tú lo sabes, no es de los que se lleven bien con las mujeres.
Vicente era… peculiar. Mientras que otros jefes andaban de fiesta en fiesta y siempre tenían a alguna chica rondando, Vicente era distinto. La única mujer que le rodeaba era Mariana.
Aunque Santiago también tenía claro que Vicente no sentía nada especial por Mariana.
—Tampoco —respondió Santiago—. Si hubiera alguien que le llamara la atención, créeme que me habría dado cuenta.
Si a Vicente realmente le gustara alguna chica, antes de que él dijera algo, seguro que ya la tendría encima.
Pero no. No había pasado nada de eso.
—De hecho, últimamente su agenda ha estado bastante tranquila, ni siquiera ha tenido reuniones importantes —añadió Santiago.
Mariana escuchó todo esto entrecerrando los ojos, llena de dudas. Finalmente, levantó la mirada y preguntó de nuevo:
—Santiago, ¿y no te ha pedido que investigues a alguna muchacha?
Y antes de que él negara, Mariana le dijo:
—No te apresures a decir que no. Te lo juro por mi vida, esto no va a salir de aquí. No tienes que preocuparte de que tu jefe se entere.
—Mariana, te lo juro, no te estoy mintiendo. No ha habido nadie. Vicente no ha mostrado interés por ninguna mujer —afirmó Santiago con toda seriedad.
Mariana no le creyó ni una palabra. Era lógico, siendo él el asistente personal de Vicente.
—Santiago, tú y yo nos conocemos desde hace años —dijo Mariana, con voz cansada—. Sabes perfectamente lo que siento por tu jefe. No busco otra cosa. Solo quiero saber cómo es esa chica que ha logrado que Vicente no pueda dejar de pensar en ella.
Quizá, si la veía, al fin podría sacarse esa espina del corazón. Pero si no, Mariana sabía que nunca perdería la esperanza. Al contrario, cada día le costaría más resignarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...