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La Heredera del Poder romance Capítulo 2744

¿Cómo había llegado todo a esto?

¿El programa Oasis había marchado sin ningún contratiempo? ¿Todo había sido parte del plan de Gabriela?

No, imposible.

¡Eso no podía ser cierto!

Gabriela estaba mintiendo.

Seguro que estaba mintiendo.

Las condiciones en Marte eran extremas, no era tan sencillo completar el programa Oasis.

Lo que en verdad buscaba Gabriela era evadir el acuerdo de la apuesta.

Al final de cuentas, ya no se trataba de si el programa Oasis iba a tener éxito o no.

En cuanto Gabriela declarara el fracaso del programa, el acuerdo de la apuesta entraría en vigor y el país Torreblanca perdería para siempre tanto la base como la nave espacial.

¡El precio era demasiado alto!

¿Gabriela sería capaz de cargar con eso?

En ese momento, Gabriela debía de estar muy nerviosa.

Pensando en esto, Migard levantó la mirada hacia Gabriela, entrecerrando los ojos.

Él mismo iba a desenmascarar la mentira de Gabriela.

Migard se levantó despacio, sin prisa, y mirando a Gabriela le dijo:

—Todos sabemos que Marte está a más de cuatrocientos millones de kilómetros de nosotros. Doctora YC, ¿cómo podríamos saber si realmente cumpliste con el programa Oasis, si todo depende sólo de tu palabra?

Por ahora, aparte de la nave de Gabriela, ningún otro país podía aterrizar en Marte.

Si no podían pisar Marte, tampoco podían comprobar con sus propios ojos si Gabriela decía la verdad o mentía.

En cuanto Migard dijo esto, todos los presentes se despabilaron.

Empezaron a asentir y a darle la razón.

—El doctor Migard tiene un buen punto —dijo, poniéndose de pie, el máximo científico del país L—. Si ninguno de nosotros puede ir a Marte, ¿cómo vamos a verificar si el programa Oasis se completó como decías?

—Yo también apoyo al doctor Migard.

—Doctora YC, las palabras se las lleva el viento. Necesitamos pruebas.

Cada vez más gente se ponía del lado de Migard.

Mientras Gabriela no diera pruebas, no había forma de demostrar que el programa Oasis había tenido éxito.

En realidad, había otra razón por la que todos apoyaban a Migard.

El programa Oasis, desde el inicio, había sido una apuesta.

Cuando todos se enteraron de que el proyecto no llegaría a buen puerto, al momento de elegir sus apuestas, todos apostaron en contra de Torreblanca.

Ahora que Torreblanca ganaba, tanto ellos como sus familias y amigos tendrían que pagar enormes sumas de dinero en compensación.

Así que, para ellos, esta apuesta tenía que ganarla Gabriela.

No importaba qué clase de trucos se le ocurrieran a Gabriela, iban a seguir a Migard y desenmascarar una a una todas sus tretas.

Bravo, que al inicio estaba al borde del pánico, también empezó a recobrar la calma.

No había que desesperarse.

Todavía no era momento de perder la cabeza; Gabriela, seguro, sólo estaba actuando.

Si todo era teatro, no podía ser que todo el equipo del centro estuviera colaborando en la farsa.

El programa Oasis, simplemente, había fracasado.

Si Gabriela fuera una de los suyos, seguro serían amigos.

Pero estaban en bandos opuestos.

Y los rivales nunca podrían ser amigos.

Al mismo tiempo, Migard no pudo evitar sentir admiración.

Por el talento de Gabriela, sí, pero también por su edad y por el hecho de ser mujer.

A nivel internacional, Gabriela era la única mujer que había llegado tan alto.

Pero, para Migard, Gabriela no supo cuidar su reputación.

Pudo haber brillado solo con la nave espacial, pero ahora, cuanto más alto había llegado, más dura sería la caída.

La nave espacial era rapidísima; en menos de media hora, llegaron a Marte.

Lo que todos vieron fue un planeta cubierto de verde.

No había rastros de tormentas de arena, sino una superficie tapizada de plantas y árboles.

Flores de todos colores —rojas, naranjas, amarillas, violetas— brotaban entre la vegetación, y ciervos hermosos corrían libres entre los campos.

La escena le recordó a Migard el video que Bravo había enviado desde Marte.

En ese video, el verde infinito se marchitaba a toda velocidad; los ciervos y conejos caían al suelo, y el paraíso se convertía en un infierno.

¿Entonces, qué era esto que tenía ante sus ojos?

¿Quién podía explicárselo?

El rostro de Migard se puso pálido; se repetía a sí mismo que todo era una ilusión, un truco de hologramas 3D.

Sí, seguro era eso. La tecnología de hologramas en Torreblanca ya era muy avanzada.

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