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La Heredera del Poder romance Capítulo 2743

—¡Yo sabía que esa YC ya no daba para más! Si hubiera sido un poco más lista, no estaría en este lío —decía uno en el chat—. ¿Tú sabes cuántas personas en el mundo pueden crear una nave que viaje casi a la velocidad de la luz? Con eso, YC podría haberse bañado en gloria toda su vida, ¿por qué tenía que complicarse la existencia y querer conquistar Marte?

—Totalmente de acuerdo —apoyaba otro—. Lo de YC es falta de autocrítica. ¡Se le fue la mano y ahora mira cómo terminó!

—Ahora solo queda esperar a que Torreblanca entregue la base y la nave espacial. ¡Ya no hay nada que hacer!

—¡Ay, Dios! ¡Estoy que no aguanto la emoción! Ya quiero ver la conferencia de prensa.

Hasta el doctor Migard, del país C, publicó una declaración en su cuenta oficial: "Todos debemos tener palabra. Entiendo cómo se siente la Doctora YC, pero un acuerdo es un acuerdo. Espero que acepte la realidad, que sepa ganar, pero también perder. Si yo fuera ella, no lo negaría".

El internet ardía de aplausos y mensajes de apoyo a Migard.

El doctor Sanz, inquieto, fue a buscar a Gabriela con el celular en la mano.

—Señorita Yllescas, ¿qué vamos a hacer ahora?

Gabriela pasó la página del expediente que estaba revisando.

—¿Qué pasa?

El doctor Sanz la miró con incredulidad.

—¿No ha visto lo que dicen en internet?

—Ya lo leí —respondió Gabriela con calma.

Sanz no podía creer lo tranquila que estaba.

Gabriela cerró el expediente y agregó:

—¿De qué sirve ponerse nervioso? ¿Acaso así se nos va a ocurrir una solución?

El doctor Sanz se quedó callado.

Tenía razón. De nada servía el apuro, pero aun así le sorprendía la serenidad de Gabriela, sobre todo ahora que sentía que el país C les había pasado por encima.

—Señorita Yllescas, ¿entonces qué haremos?

Gabriela entrecerró los ojos.

—En este momento no nos queda más que tragarnos este trago amargo.

—¿Cómo dice? —preguntó Sanz, sin poder creerlo.

Gabriela apretó el puente de la nariz, cansada.

—¡Pero señorita Yllescas! ¡Esto es claramente una trampa del país C! ¿Cómo vamos a quedarnos de brazos cruzados?

—No hay más remedio —dijo Gabriela, resignada.

Sanz no podía creer que la situación hubiera llegado tan lejos. Se dejó caer en la silla, derrotado.

Gabriela suspiró.

—Tampoco pensé que el país C fuera a jugar tan sucio.

Sanz frunció el ceño, tratando de consolarla.

—Señorita Yllescas, sé que esto no es culpa tuya...

Afuera de la oficina, Bravo escuchaba todo y sonreía con satisfacción. Jamás imaginó ver a Gabriela tan acorralada.

Habló despacio, con voz firme:

—Buenos días. Soy YC, la directora del programa Oasis. Este proyecto comenzó en 2023 y terminó oficialmente en mayo de 2025. Hoy anuncio que el programa Oasis se ha completado con éxito. ¡La humanidad tiene, desde ahora, un nuevo hogar donde vivir!

El auditorio quedó en silencio absoluto.

Nadie lo podía creer: ¿El programa Oasis había sido un éxito?

El chat de la transmisión se llenó de mensajes al instante.

—¿Qué está pasando? ¿YC está mintiendo?

—¿No habían dicho que el programa Oasis había fracasado? ¡Hasta había videos!

—¡Qué valor el de YC! ¿Cómo se atreve a decir eso?

Gabriela miró a todos, a la cámara y al público.

—Seguramente muchos están confundidos con este giro inesperado. La razón es simple: desde el principio, el programa Oasis avanzó sin problemas. Todo el drama posterior fue para atrapar a los traidores que operaban en la sombra. ¡Quería que los malintencionados cayeran en su propia trampa!

Sí, todo había sido parte del plan de Gabriela.

Si no lo hubiera hecho así, el país C jamás habría firmado el acuerdo de apuesta, ni presentado tantas pruebas en su contra.

En el público, Migard se quedó pálido.

¿Cómo era posible?

¿Qué estaba pasando aquí?

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