—¿Tú... tú te atreviste a golpearme? ¿Sabes quién soy yo? —Esteban tenía los ojos inyectados en sangre, la furia desbordada en cada palabra—. ¡Te juro que te voy a destruir!
Sebastián apenas curvó los labios en una media sonrisa. Sus labios delgados y definidos apenas se movieron, dejando salir palabras tan secas como una ráfaga de viento.
—Eso habrá que verlo. Depende de si tienes con qué.
La indiferencia de Sebastián era como una aguja de acero atravesando el aire, destrozando por completo el orgullo de Esteban.
En toda su vida, Esteban jamás había sufrido este tipo de humillación. Mucho menos había sido visto con tan poco respeto.
Ignorando el dolor de su brazo fracturado, Esteban lanzó el otro puño, buscando volver a atacar a Sebastián.
Sebastián retrocedió unos pasos, ágil y sereno, y con una patada certera impactó la pierna más vulnerable de Esteban.
—¡Ah! —gritó Esteban, desplomándose en el suelo, hecho un desastre. Ya no quedaba ni rastro del joven adinerado y elegante; ahora parecía un prisionero derrotado, sin pizca de dignidad.
—¡Ten el valor de decirme tu nombre! —espetó Esteban, apretando los dientes con rabia, como si cada sílaba le costara sangre.
Sus ojos fijos en Sebastián, el rostro descompuesto por la ira y la humillación.
Sebastián lo miró desde arriba, con aire de superioridad.
—¿Tú crees que lo mereces?
Esteban quedó boquiabierto, la incredulidad se le pintaba en el rostro. Nunca había conocido a alguien tan insolente.
No, en realidad, más que insolente, era como si Sebastián no reconociera la existencia de nadie más.
Ese tipo, simplemente no lo tomaba en cuenta.
...
A unos metros, Rocío observaba a Sebastián, impactada. El hombre, imperturbable y sereno bajo la luz de la luna, parecía una figura sacada de una leyenda. La claridad plateada resaltaba cada facción de su rostro, tan marcado y apuesto que resultaba abrumador.
Era irónico: ella misma había organizado esa escena del “héroe salvador” como una prueba para Sebastián.
Quería saber si valía la pena invertir tanto en él.
Quería ver si, frente al peligro y la amenaza de alguien poderoso, Sebastián se acobardaría o la dejaría a su suerte.
Pero ahora, aun sabiendo que todo era un montaje, Rocío no podía evitar que su corazón latiera desbocado.
Sebastián revisó la hora en su celular, a punto de marcharse, cuando Rocío lo sujetó suavemente de la manga.
—Hache, ¿a dónde vas?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...