Después de que Sebastián se fue, Sabrina se quedó sentada sola en la banca de piedra, contemplando el paisaje a su alrededor.
A decir verdad, el lugar tenía un encanto especial. El ambiente se sentía tan apacible, incluso un poco romántico, que ni siquiera la soledad resultaba incómoda. El aire fresco y el murmullo lejano del agua la envolvían, invitando a la calma.
Sabrina apoyó un brazo en la mesa de piedra. El silencio y la tranquilidad que reinaban ahí comenzaron a adormecerla. Últimamente había estado tan ocupada y cansada que sentir esa paz era casi un lujo.
Sin darse cuenta, Sabrina terminó recostada sobre la mesa y se quedó dormida por un momento.
Una ráfaga de viento frío la sacudió y la obligó a despertar de golpe.
Parpadeó, desorientada. Al revisar la hora, se sorprendió al notar que ya habían pasado más de veinte minutos.
El salón donde se celebraba la fiesta no quedaba tan lejos, ir y venir solo requería unos cuantos minutos.
¿No será que Hache se metió en algún problema?
Esa idea la inquietó. Tomó su celular y marcó el número de Hache.
El timbre sonó varias veces, pero nadie contestó. Ese silencio al otro lado de la línea empezó a preocuparla en serio.
Se quitó los zapatos, decidida a ir a buscarlo ella misma.
Justo en ese momento, unos pasos se escucharon detrás de ella.
Sabrina sintió alivio inmediato.
Seguro es Hache, pensó.
Giró la cabeza y llamó con suavidad:
—Hache...
Pero al ver el rostro del hombre que se acercaba, se quedó congelada.
—¿Gabriel Castillo? ¿Qué haces aquí?
La figura de Gabriel se dibujaba bajo la tenue luz de la farola. Su porte siempre elegante y ese aire de distinción lo hacían destacar incluso en la oscuridad. Sus cejas marcadas y su mirada intensa tenían un deje desafiante, mientras que sus ojos, brillando como si llevaran un secreto, parecían guardar historias ocultas.
En ese instante, Gabriel la observaba con atención. Bajo la luz de la luna, casi daba la impresión de estar viendo a alguien muy especial.
Él se acercó despacio, con una sonrisa apenas perceptible.
—Hace poco bajé del avión. Tenía pensado pasar por tu estudio para darte una sorpresa, pero no te encontré. Pregunté por ti a Daniela Blasco y me dijo que estabas en el evento de música, así que vine a buscarte aquí.
Sabrina llevaba un buen rato sin ver a Gabriel. Encontrárselo así, de repente, le dio una alegría inesperada.
Gabriel bajó la mirada y notó que uno de los zapatos de Sabrina estaba roto. Frunció ligeramente el ceño.
—¿Se te rompió el zapato?
Sabrina asintió.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...