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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1822

Sabrina miró a Daniela con asombro.

—Daniela, ¡no me digas que es un romance por internet!

Daniela agitó las manos rápidamente.

—¡No, no, para nada! Es que hace poco fui con unos amigos a un bar y me topé con un pianista que llevaba puesta una máscara. Tocaba muy bien y tenía mucho porte. Alguien quiso pagarle para que se quitara la máscara, y yo... pues simplemente lo ayudé a salir del apuro.

Sabrina no lo entendía.

—¿Una máscara? ¿Por qué llevaba una máscara?

—Me dijo que viene de una familia adinerada y que huyó de su casa por algunos problemas —explicó Daniela—. Dice que no puede dejarse ver, porque si lo reconocen, su familia se lo llevará a la fuerza.

A Sabrina no le dio buena espina.

—¿Y de verdad nunca le has visto la cara?

—No. —Daniela siguió contestando mensajes sin darle mucha importancia—. De todos modos, en unas semanas me regreso a Chile, así que seguro no pasará nada serio entre nosotros. Platicar un rato y pasarla bien no hace daño.

—Daniela, si quieres una relación...

Sabrina no pudo terminar la frase porque su amiga la interrumpió.

—Sabrina, ya me conoces. Salir con alguien un rato y pasarla bien está perfecto, pero ¿casarme? Ni loca, ahorita le tengo pánico al matrimonio. —Dicho esto, Daniela levantó la mirada hacia su amiga—. Por cierto, ¿cuánto tiempo te vas a quedar en Cartagena?

—Unas dos semanas —respondió Sabrina.

—Entonces, ese es el tiempo que me queda con este chico —dijo Daniela con total seriedad—. Aunque no veo un futuro con él, mis sentimientos en este momento son sinceros.

Sabrina soltó una carcajada al ver su actitud.

—Está bien, mientras tú seas feliz.

Sin embargo, Sabrina jamás imaginó que esa persona, a la que ninguna de las dos tomó muy en serio, terminaría lastimando profundamente a Daniela.

Si hubiera sabido lo que pasaría, la habría detenido de inmediato.

Pero en la vida no hay marcha atrás.

—Sabrina —la voz de André sonaba cargada de cansancio—. ¿Podría Thiago quedarse contigo unos días?

Sabrina notó de inmediato que algo andaba mal.

—¿Tu mamá empeoró?

André soltó un pesado suspiro.

—Sí. Sigue en coma y los médicos dicen que el panorama no es nada alentador. Me temo que...

—¿Ya investigaste qué causó el accidente? —preguntó ella, interrumpiendo el silencio.

André no se lo ocultó:

—Encontramos pruebas de que fue provocado, pero aún estamos investigando quién fue.

—¿Quieres que le marque a Hernán Castaño para que te eche la mano?

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