Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1374

Aunque Julio Castaño era un tipo arrogante, no era ningún tonto.

Entendió al instante el doble sentido de aquellas palabras y miró fijamente a Sebastián Fonseca, rechinando los dientes.

—¿Lo de la otra vez… fuiste tú?

Sebastián lo miró de reojo.

—¿No te lo dije ya? Si buscas venganza, ven a buscarme a mí. Pero en lugar de ajustar cuentas con quien te hizo algo, te la pasas molestando a Sabrina. ¿Qué pasa? ¿Acaso te sientes muy realizado cuando te metes con una mujer?

Que Sebastián lo admitiera con tanta naturalidad dejó a Julio un poco desconcertado.

Pero no tardó en soltar una risa burlona.

—¿Y qué diferencia hay entre buscarte a ti o a Sabrina Ibáñez? Al final, lo único que cambia es que ella no se ensució las manos. No importa quién lo hizo, todo esto empezó por su culpa.

Al llegar a este punto, Julio sonrió con malicia.

—Tú también me atacaste por ella, ¿no? Así que no, no me equivoqué de persona. Y hay algo más…

Fijó la vista en los ojos de Sebastián y dijo, palabra por palabra:

—Viendo cómo te mueres de ganas de echarte toda la culpa encima, con ese miedo de que alguien le haga daño a Sabrina, más me convenzo de que buscarla a ella para vengarme fue la decisión correcta. Porque hacerle daño a ella, probablemente, te dolería mucho más que si te hicieran daño a ti, ¿verdad?

Los ojos de Sebastián se volvieron gélidos.

Al ver esto, la sonrisa de Julio se hizo todavía más grande.

—¿No quieres que me vengue de Sabrina? Pues entre más insistas en que no haga algo, más ganas me dan de hacerlo. Mientras me quede un solo aliento de vida, te juro que Sabrina no volverá a tener paz. Voy a hacer que ustedes dos vivan para siempre con miedo.

Al escucharlo, Sebastián, en lugar de enojarse, se rio suavemente.

—Julio, ¿no te estarás sobreestimando un poco? Todavía está por verse quién de los dos va a vivir con miedo. Antes de andar lanzando amenazas, deberías asegurarte de que todavía tienes la oportunidad de cumplirlas.

La advertencia de Sebastián hizo que Julio finalmente mirara a su alrededor.

Estaba en una habitación que parecía un consultorio, llena de todo tipo de aparatos médicos. A simple vista, no era más que una sala de tratamiento común y corriente.

Justo en ese momento, escuchó unos gritos extraños que venían de afuera.

Las pupilas de Julio se contrajeron. Su mirada hacia Sebastián se llenó de recelo y cautela.

—¿Qué pretendes? Te advierto que si desaparezco, la familia Castaño moverá cielo, mar y tierra para encontrarme. Si te atreves a hacerme algo, ¡mi abuelo no te lo perdonará jamás!

—El último que me dijo algo parecido lleva años criando malvas —respondió Sebastián con indiferencia.

Tras decir eso, aplaudió suavemente un par de veces.

La puerta del consultorio se abrió y entró un grupo de doctores con batas blancas.

Hicieron una respetuosa reverencia.

—Señor Fonseca.

Sebastián se dirigió a Julio.

—Estos doctores son de los mejores psiquiatras del mundo. Ya les di instrucciones, se dedicarán exclusivamente a atenderte a ti.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada