Fidel le había dicho que Sabrina estaba detrás de la vez que lo humillaron en aquella transmisión en vivo.
Después de ese incidente, se convirtió en el hazmerreír de todos y no tuvo más remedio que renunciar a su cargo.
Tuvo que desaparecer un tiempo para que las aguas se calmaran, pero su archienemigo se dedicaba a publicar sus fotos y videos comprometedores todos los días.
A estas alturas, Julio odiaba a Sabrina hasta la médula.
Sabrina se sintió desconcertada ante esa mirada tan cargada.
Ella no le había hecho nada, pero la forma en que Julio la miraba era como si viera al asesino de su padre.
«¿Será que me volví muy cercana a Hernán y eso afectó sus intereses? ¿Por eso buscan cualquier pretexto para quitarme de en medio?».
En ese momento, Sebastián dio un paso al frente, bloqueando la mirada de Julio.
—Señor Julio, qué terco es usted. ¿Piensa seguir dándose de topes contra la pared hasta que la tire abajo?
Julio no tenía idea de quién era Sebastián; para él, solo era un guardaespaldas con buenas habilidades de pelea.
No entendió en absoluto a qué se refería Sebastián.
Le lanzó una mirada de reojo a Sebastián y volvió a centrar su atención en Sabrina.
—Sabrina —dijo con indiferencia—, ahora te toca elegir. O te destrozas la mano a cambio de la libertad de Carolina, o me la entregas.
La mirada de Sabrina se movió sutilmente. Echó un vistazo al francotirador que ya estaba en posición y dijo con una sonrisa: —Julio, no estás en posición de ponerme condiciones.
Julio estaba a punto de responder, cuando de repente Carolina le mordió la mano con todas sus fuerzas.
A Julio lo tomó por sorpresa y, por puro reflejo, la soltó.
Pero reaccionó casi al instante e intentó agarrarla de nuevo.
Un destello de ferocidad brilló en los ojos de Carolina. Se hizo a un lado, esquivando la mano de Julio, y le espetó con frialdad: —¡Si tienes agallas, dispárame y mátame!
Julio se quedó paralizado por un instante.
En ese breve momento de duda, sonó un disparo. El brazo con el que sostenía el arma le tembló y la pistola se le cayó al suelo.
Cuando todo terminó, Carolina se disculpó con Sabrina: —Lo siento, Sabrina, otra vez te causé problemas.
—Esto no es tu culpa —respondió Sabrina—. Él solo estaba buscando un pretexto para atacarme.
Aun así, Sabrina no lograba entender por qué Julio la odiaba tanto.
En ese momento, Sebastián se acercó. —Sabrina, ya mandé que llevaran a Julio a la comisaría. Esto fue un secuestro en toda regla y las pruebas son contundentes. Seguramente no volverá a aparecer en mucho tiempo.
Sabrina siempre confiaba en la forma en que Sebastián manejaba las cosas, así que asintió levemente y no hizo más preguntas.
Sin embargo, Julio no fue llevado a la comisaría, sino a un hospital psiquiátrico.
***
Cuando Julio despertó después de que le extrajeran la bala, lo primero que vio fue un rostro atractivo y de facciones finas.
Julio se quedó perplejo por un segundo. —¿Tú? ¡¿Te mandó Sabrina?!
La voz de Sebastián sonaba relajada, casi perezosa. —Señor Julio, después de cómo terminó la última vez, ¿de verdad no aprendió la lección? ¿Por qué nunca escarmienta?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...