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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1347

—Espera un momento, Ulises, le pediré al asistente que traiga fruta —dijo Eva.

—No hace falta tanta molestia —la detuvo Ulises—. Tengo en el refrigerador.

Eva se quedó helada, mirándolo con una expresión de incomprensión.

Sentía que cada vez entendía menos a Ulises.

¿Sería que el duro golpe que había sufrido lo había trastornado?

—De acuerdo, voy a lavarlas —dijo Eva.

Lavar fruta no era ninguna ciencia, incluso para una dama de alta sociedad como Eva, que nunca había movido un dedo en la cocina.

Pero pelar una manzana, si nunca lo había hecho antes, podría no ser tan fácil.

Además, en casa de Ulises no había un pelador específico para manzanas.

Eva no tuvo más remedio que coger un cuchillo de fruta y empezar a pelar.

Ulises se estaba volviendo cada vez más extraño.

Eva sentía que, si las cosas seguían así, le resultaría muy difícil mantenerlo bajo control.

Quizás por estar absorta en sus pensamientos, se descuidó.

Se cortó un dedo sin querer, y la sangre empezó a brotar.

—¡Ah! —exclamó.

—¿Qué pasa? —preguntó Ulises.

—Ulises, me he cortado —dijo Eva, sujetándose el dedo sangrante.

Sin embargo, Ulises no reaccionó como ella esperaba. En lugar de acercarse preocupado, se quedó mirando su dedo en silencio, con una expresión sombría.

Siempre había pensado que Eva era insuperable.

Que podía hacer cualquier cosa a la perfección.

Pero, ¿no era capaz de hacer algo tan simple como pelar una manzana?

Al ver que Ulises no dejaba de mirar su dedo, Eva sintió una extraña inquietud.

—¿Ulises?

—Será mejor que te cures eso —dijo Ulises, como si despertara de un trance.

—…De acuerdo.

La herida de Eva era superficial, un simple corte con el cuchillo.

En el polígono de talleres.

Sabrina entró en la zona de ensamblaje.

—Señorita Ibáñez, hemos hablado con muchos mecánicos especializados en ensamblaje, pero ninguno quiere aceptar el trabajo —dijo Diego Cornejo con cara de apuro—. Me temo que… alguien está metiendo mano en el asunto.

La expresión de Sabrina no mostró sorpresa alguna.

—Si nadie quiere hacerlo, entonces lo haremos nosotros —dijo.

Acto seguido, se dirigió al vestuario y se cambió de ropa.

***

Cuando Ulises llegó, encontró a Sabrina tan concentrada ensamblando las piezas del carro que ni siquiera se percató de su presencia.

Estaba a punto de soltarle alguna burla cuando su mirada recorrió el lugar y sus ojos se entrecerraron de repente.

El carro de Eva lo había ensamblado él mismo, y conocía a la perfección la disposición de cada componente.

Para lograr la perfección, incluso había encargado un plano de diseño.

Aunque Sabrina solo había montado una estructura básica, esta coincidía casi a la perfección con el diseño original.

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