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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1346

Tras un tiempo de vigilancia, Ulises descubrió que Sabrina, efectivamente, era muy buena cuidando a la gente.

Aunque no era tan profesional como un enfermero, era increíblemente atenta.

Casi sin que Sebastián tuviera que pedirlo, ella ya le había preparado todo lo que necesitaba.

Al principio, a Ulises le costaba creer que gestos tan pequeños pudieran ganarse a un hombre tan despiadado como Sebastián.

Esa mujer había dejado una huella imborrable en tantos hombres; seguramente tenía sus trucos para seducirlos.

Sin embargo, después de observarlos durante tantos días, no vio ningún comportamiento íntimo entre ellos.

Cuando Sabrina no podía atenderlo, recurría a Joseph, a Ricardo o a los enfermeros.

Lo más íntimo que había hecho era darle de comer a Sebastián durante unos días.

Ulises estaba aún más desconcertado.

¿Darle de comer era suficiente para que Sebastián le fuera incondicional?

Además, Sabrina solía cocinar personalmente para él, preparándole platos adecuados a su condición o caldos medicinales.

Y Sebastián siempre comía con evidente deleite.

Ulises pensaba que, por muy buena cocinera que fuera Sabrina, era imposible que superara a un chef de cinco estrellas.

Recordó la sopa que Eva le había preparado.

No estaba mala, pero tampoco era para tanto.

Incluso con el filtro de ser la persona que amaba, le pareció bastante normal.

Ese día, Ulises vio a través de los binoculares a Sabrina pelando una manzana para Sebastián.

Ya lo había visto hacer eso muchas veces.

Después de pelarla, siempre la colocaba en un plato, creando una composición colorida con otras frutas.

—Podría pedirle a un enfermero que lo hiciera, pero insiste en hacerlo ella misma —se burló Ulises—. Con razón Esteban siempre dice que se busca complicaciones innecesarias.

Justo cuando se disponía a seguir observando, sonó el timbre de su casa.

Aparte de su asistente, solo Eva conocía esta dirección.

Al abrir la puerta, se encontró a Eva con un termo en la mano.

—Ulises, te traje un poco de sopa. ¿Cómo te has sentido últimamente? —dijo con una sonrisa.

¿Acaso no era mejor la comida que le preparaba su nutricionista, con los ingredientes más frescos?

Eva observaba la expresión de Ulises, pero era incapaz de adivinar lo que pensaba.

Tras un momento, decidió ir al grano.

—Ulises, ¿hay alguna noticia de la señorita Flores?

—El asistente me llamó hace un rato. Dice que, por ahora, Sabrina la tiene escondida —respondió Ulises con voz neutra.

Eva esperó a que continuara, pero pasaron varios segundos y Ulises no añadió nada más.

«¿Eso es todo?».

Antes, Ulises se habría encargado del asunto directamente, sin necesidad de que ella preguntara.

Eva abrió la boca para decir algo, pero de repente Ulises preguntó:

—Eva, ¿sabes pelar manzanas?

—¿Pelar manzanas? —repitió Eva, desconcertada—. Ulises, ¿quieres fruta?

—Sí.

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