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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1348

Aunque le sorprendió que Sabrina supiera ensamblar un carro, Ulises sabía que algunos pilotos de élite modificaban o construían sus propios vehículos según sus hábitos y habilidades.

Eva también sabía modificar carros, pero uno tan complejo y de alto rendimiento como el Luz X estaba fuera de su alcance.

Los movimientos de Sabrina eran diestros y fluidos, deteniéndose ocasionalmente unos segundos para reflexionar.

Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y pulcra, y su figura esbelta y elegante la hacía parecer una recién graduada universitaria de veintipocos años, no la madre de un niño.

Solo con esa cara y ese cuerpo, ciertamente tenía con qué atraer la atención de los hombres.

—Aunque logres ensamblar todas las piezas, hay ciertos materiales específicos que, aparte de mí, nunca podrás conseguir —dijo Ulises, acercándose con aire burlón.

Al verlo, Sabrina frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?

—La mitad de la industria automotriz de Chile pertenece al Grupo Hoyos —respondió Ulises, mirándola a los ojos—. Sabrina, sin mi permiso, nadie se atreverá a ensamblar tu carro.

—¿Has venido hasta aquí solo para decirme eso? —dijo ella, lanzándole una mirada extrañada.

—He venido a decirte que no seas ilusa. Es imposible que recrees un carro idéntico.

Sabrina detuvo lo que estaba haciendo y lo miró.

—Entonces, ¿el señor Ulises está dispuesto a proporcionarme los materiales específicos?

Ulises se quedó perplejo por un momento, y luego una risa airada se escapó de sus labios.

—Entonces, ¿si no puedes devolver el Luz X, es culpa mía?

¿Sabrina, en un par de frases, le había endilgado toda la responsabilidad?

—¿Acaso no es así? —dijo Sabrina—. El señor Hoyos no quiere ver bien a Eva, y yo no puedo hacer nada al respecto. Siendo todos de la familia Ramos, estoy segura de que, con su carácter, Eva no me culpará por no poder compensarla con un carro idéntico. Después de todo, mi buena fe y mi esfuerzo son evidentes.

—Sabrina, me doy cuenta de que eres una experta en echarle la culpa a otros y en la retórica.

—Gracias por el cumplido —sonrió Sabrina—. Entonces… ¿el señor Hoyos está dispuesto a darme los materiales?

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