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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1345

Sebastián no dijo nada más, simplemente se quedó observando a Sabrina mientras pintaba.

Sabrina fue tiñendo de rojo el cielo en el lienzo, fusionando los colores hasta crear una mancha uniforme.

Era el mismo atardecer deslumbrante del día en que Sebastián había despertado.

***

A lo lejos, Ulises bajó los binoculares.

Sabrina había estado pintando durante un buen rato, quizás unas dos horas.

Durante todo ese tiempo, Sebastián la había observado sin mostrar el más mínimo atisbo de aburrimiento.

Como Sabrina pintaba de cara a la ventana, Ulises no podía ver qué estaba creando.

—Patética imitación —se burló.

Se dio la vuelta y vio el cuadro que Eva le había regalado, apoyado sobre la mesa.

Pero no tenía ganas de admirarlo; en cambio, sintió un deseo inexplicable de ver las obras de Summer.

Llamó a su asistente.

—¿Cuándo llegarán los cuadros de Summer?

—Señor Hoyos —dijo el asistente tras unos segundos de silencio—, Summer aceptó el encargo hace apenas unos días. Si tiene que pintarlos desde cero… me temo que tardará un tiempo.

Solo entonces Ulises recordó que no había pasado ni una semana desde que Summer había aceptado.

Él también había pintado en el pasado y sabía que una buena obra podía llevar meses de trabajo.

Ulises no sabía qué le pasaba últimamente; se sentía constantemente irritable.

Había enfrentado situaciones peores en el pasado.

Su situación actual no era ni mucho menos desesperada.

Sin embargo, sentía una extraña apatía, como si nada le interesara.

—No obstante, acabo de recibir una llamada —añadió el asistente—. Su oreja protésica ya está lista, y el brazo mecánico estará terminado antes de fin de mes.

Aunque vivía frente al hospital, la distancia era considerable, incluso fuera del alcance de un rifle de francotirador.

Además, Sabrina había extremado las precauciones, colocando guardias de seguridad en la azotea que patrullaban las veinticuatro horas del día.

Aparte de espiarlos, Ulises no tenía ninguna oportunidad de atentar contra Sebastián.

Fue entonces cuando Ulises se dio cuenta de que había subestimado a esa mujer.

Siempre había pensado que Sabrina era una ama de casa sin muchas luces.

Pero tanto él como Fidel y los Ramos habían salido perdiendo en varias ocasiones por su culpa.

Y esta vez, su respuesta había sido de una meticulosidad sorprendente.

Para mantener a los Ramos ocupados y lejos de Sebastián, Sabrina había sacado a la luz el único trapo sucio que tenía Esteban.

Parecía que iba a tener que revaluar su opinión sobre ella.

Como no tenía nada mejor que hacer, Ulises se dedicó a observar el otro lado con sus binoculares todos los días.

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