Karla se quedó un momento parada, sorprendida. Había pensado en regresar y ponerse a limpiar la casa, pero al entrar, todo estaba impecable, ni una pelusa en el suelo.
De pronto, algo chocó suavemente contra la punta de su zapato. Miró hacia abajo y vio a un pequeño robot, que fregaba el piso con una galleta en la mano. Como Karla le bloqueaba el paso, el robot levantó su cabecita y, con una voz robótica, dijo:
—Hazte a un lado, hazte a un lado.
Ese robot era uno de los inventos de Ramón.
A Ramón no le gustaba sentarse a estudiar; apenas pasaban unos minutos y ya no aguantaba estar quieto. Pero para estas cosas, tenía un talento especial.
Karla miró a su alrededor y, por un instante, pensó que los robots habían tomado el control de la casa.
En ese momento, los dos pequeños bajaron corriendo las escaleras. Ramón, con la cabeza en alto y el pecho inflado, parecía más orgulloso que nunca.
—Mamá, ya limpiamos toda la casa. Mira qué limpio está.
En la cara de Ramón casi se podía leer: “¡Ándale, dime que lo hice bien!”
Karla no pudo evitar sonreír. Se inclinó y le dio un beso en la mejilla a su hijo.
—Son unos campeones, de verdad. Está todo reluciente. Pero dime, Ramón, ¿desde cuándo te volviste tan trabajador? ¿No habrás hecho alguna travesura, verdad?
Karla conocía muy bien a su hijo.
Ramón movió la mano en el aire, haciendo un gesto muy suyo.
—Ay, mamá, eres muy lista.
Karla solo lo miró, sin decir nada.
Enseguida, Karla se puso seria, con las manos en la cintura y la sonrisa borrándosele del rostro.
—A ver, suéltalo, ¿qué hiciste ahora?
Valentín tomó las cosas que Karla traía en la mano, mientras Ramón la jalaba, guiándola con insistencia hasta el sofá. No conforme, le ofreció un vaso de agua y, trepándose al sofá, empezó a darle un masaje en los hombros.
—No es nada malo, te lo juro. Cuando te enteres, te vas a poner feliz —decía Ramón mientras apretaba los hombros de su madre.
Antes de que pudiera terminar de hablar, el gesto de Karla cambió por completo.
Bastián tampoco esperaba ver a Karla. Había rastreado al hacker hasta esa dirección, y al entrar por la puerta principal, le pareció reconocer el lugar. Al ver a Karla, recordó: ese era el antiguo hogar de la familia Sandoval.
Karla, al reconocer a Bastián, sintió que el corazón se le apretaba. Instintivamente, quiso cerrar la puerta de golpe.
No tenía idea de qué hacía Bastián ahí.
Pero Valentín y Ramón seguían adentro…
Bastián levantó la mano y detuvo la puerta antes de que Karla la cerrara. Sin darle oportunidad, empujó y entró con paso firme.
Karla retrocedió un par de pasos, sintiendo un escalofrío helado que le recorrió todo el cuerpo.
Bastián observó el interior con mirada dura y los ojos entornados.
—Karla, ¿qué significa esto? Será mejor que me des una buena explicación.

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