¿Nora?
¿Cómo es que Nora está aquí?
¿La niña que Bastián encontró en el aeropuerto era Nora?
Nora lloraba con tanta tristeza que parecía aterrada.
Bastián, al verla, respiró hondo tratando de calmar su enojo. Se acercó, se agachó frente a ella y preguntó:
—¿Ahora por qué lloras?
—Señora... mala señora.
Al oír eso, Tamara se sintió aliviada, se acercó y le dijo a Nora:
—No te preocupes, pequeña, esa mala señora no puede hacerte daño.
Pero en cuanto Tamara se acercó, Nora se escondió detrás de Bastián, mirándola con pavor.
El gesto de Tamara se quedó congelado en su cara.
Viendo a Nora así, Bastián preguntó:
—Nora, dime, ¿acabas de ver algo?
Entre sollozos, Nora señaló a Tamara y contó:
—Esta señora dijo que esa otra señora no tenía familia, que era como un perro callejero. Dijo que sus papás eran unos desgraciados que se murieron jóvenes, que ella debería irse con ellos, y... y que la vida de los pobres no vale nada. Por eso la otra señora la golpeó.
Tamara se quedó pasmada.
—¡Eso no es cierto! ¡Estás inventando!
Nora, asustada, se pegó más a Bastián. Al ver el gesto retorcido de Tamara, Nora rompió en llanto aún más fuerte.
Tamara, desesperada, se volteó hacia Bastián para explicarse:
—Bastián, yo no... Esta niña está mintiendo, quiere ponerme en mal.
El rostro de Bastián se volvió aún más sombrío.
Tamara, con los ojos enrojecidos, se sentó en el sofá. Delia intentaba consolarla.
Bastián miró de reojo a Karla y luego a Nora, como si tratara de encontrar alguna conexión entre ellas, pero no encontró nada.
Después de llorar, Nora se sentó tranquila en una silla. En ese momento, Thiago entró y se dirigió a Bastián:
—Señor, el número que teníamos de la madre de la niña sigue sin contestar.
Por supuesto que no contestaba. Karla agradeció internamente que solo había cargado su teléfono un rato y, como las llamadas no entraron, lo volvió a apagar.
Bastián pensó que los padres de esa niña eran unos irresponsables.
Una y otra vez, dejaban que una niña tan pequeña anduviera sola por la calle.
Igual de irresponsables que Karla cuando, en su momento, decidió interrumpir su propio embarazo sin pensar en las consecuencias.
El recuerdo de Karla tomando esa decisión lo llenó de rabia. Sus ojos, profundos y oscuros, se posaron en ella con una mezcla de enojo y reproche.
—Tus padres son igual de irresponsables que tú fuiste en aquel entonces —espetó Bastián, sin apartar la mirada de Karla.

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