En ese momento, Karla solo quería que Bastián se largara cuanto antes. Se esforzó por mantener el gesto sereno y dijo:
—Afuera están todos tus hombres. Aunque quiera irme, no podría.
Y era cierto. No tenía escapatoria.
Pensando en los tres niños escondidos bajo la cama, a Karla se le apretó el corazón, casi al borde de las lágrimas.
¿Esto qué significa?
¿Acaso aplica el “lleve uno y reciba tres gratis”?
Bastián dio unos pasos hacia la puerta y Karla creyó que por fin iba a salir.
Justo cuando soltó el aire que había estado conteniendo, Bastián simplemente cerró la puerta.
Karla se quedó con la respiración atorada, mirándolo fijamente.
—¿No vas a salir?
Bastián fue a sentarse en el sofá. Levantó una ceja, con ese aire suyo tan despreocupado.
—Esta es mi habitación. ¿Ahora resulta que quieres echarme?
—¿No es un cuarto vacío? —Karla giró para mirar bien y, en ese instante, notó los documentos apilados en la mesa y la ropa de Bastián colgando en el armario.
Así cayó en cuenta de que, por pura mala suerte, había escogido el cuarto de Bastián.
Él, con el ceño apenas alzado, sacó un cigarro, lo encendió y la observó con calma, como dándole tiempo para decidir: o te vas, o te quedas.
Pero Karla tenía clarísimo que no se iría por nada del mundo.
Los tres niños seguían agazapados bajo la cama, bien juntitos.
Si Bastián los descubría… Mejor ni imaginarlo.
Mirándolo directo a los ojos, Karla respiró hondo y preguntó:
—¿Podrías cambiarte a otro cuarto?
—¿Tú quieres quedarte en este?
Ella asintió con una sonrisa forzada, intentando ser simpática.
Bastián soltó una risa baja.
—No puedo.
La sonrisa de Karla se vino abajo.
—¿De verdad no podemos arreglarlo?
—No.
Bastián apagó el cigarro, se incorporó y, con voz profunda, soltó:
—Voy a darme un baño. Si no piensas irte, quédate y duerme aquí.
Dicho eso, se metió al baño.
Por fuera estaba Thiago, por dentro Bastián. Karla se masajeó las sienes, desesperada.
No tardó mucho en salir Bastián, ya bañado. Llevaba una bata negra, medio abierta, que dejaba ver sus marcados abdominales y el agua aún le chorreaba por el cabello. Se plantó ahí, como si nada, con esa mezcla de descuido y arrogancia.
Al ver que Karla seguía ahí, levantó las cejas, cargando de sentido sus palabras.
—¿No piensas irte?
Karla, con la mirada fija en su abdomen y el rostro encendido, apartó la vista rápido.
Recordando a Thiago, señaló la puerta:
—Thiago está afuera. Dice que tiene algo que hablar contigo.
Bastián clavó los ojos en ella por un instante, luego se dirigió a la puerta, la abrió y preguntó:
—¿Qué pasa?
—Jefe, ya tenemos los resultados sobre el corte de luz, pero no es lo que esperábamos.
Thiago le pasó una tableta, y Bastián se encaminó al estudio.
...
Ya en el estudio, Bastián miró una captura de pantalla de las cámaras de seguridad. La imagen era muy nítida: se veían claramente tres niños.
La mirada de Bastián se endureció al verlos, sus ojos se oscurecieron con una sospecha que solo fue creciendo.

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