Entrar Via

La esposa secreta del CEO romance Capítulo 182

Había comenzado entonces un duro período de separación y trámites

de divorcio, tiempo que estuvo signado por la persecución y el acoso y en el que comenzó a conocer de verdad el monstruo al lado del que había vivido.

El incesante asedio al que la sometió, buscándola en todos los espacios en los que ella estaba o visitaba, la obligaron a cambiar de ambiente

y dejar atrás a su hermana en Utah. En California había encontrado su lugar, en la gran ciudad de Los Ángeles en la que perderse era posible.

Aquí había comenzado a construir su pequeño negocio, ese con el que

siempre había soñado y que su madre había estimulado desde pequeña. Con

el recetario de su abuela y de su madre en sus manos no tenía más fantasía que la tranquilidad, la independencia financiera y la esperanza de que, en un futuro un poco más lejano, podría construir un hogar.

No era algo que estuviera en sus prioridades en este momento. Había mucho trabajo por hacer. Y a eso se abocó hasta las ocho de la mañana, cuando recién dio por terminada la tarea, agotada. Los brazos y espalda le dolían y sus piernas la estaban matando.

Empaquetó todo en los contenedores adecuados y preparó primorosamente cada uno de los paquetes que llevaban su marca. Lo principal, pero, eran las delicias frescas y artesanales. Y trabajaba para que la estética de la presentación y el embalaje estuviera acorde con ellas. Al fin, el pedido listo y terminado a tiempo, pudo relajarse.

El agotamiento la llevó a dormitar al lado de su café y de su teléfono.

Sharon le había mensajeado para hacerle saber que uno de sus cuñados iría por los paquetes. Uno de sus deberes era la distribución, pues no tenía los medios para asegurar que una cantidad de estas características llegara en buen estado.

El sonido del timbre la despertó y al mirar su reloj, vio que habían

transcurrido un par de horas. El cansancio le había ganado y la había hecho dormir. Probablemente en su puerta debía estar uno de esos hombres millonarios.

Alisó su cabello, tratando de ordenarlo. Se había dormido con la

cabeza apoyada en sus manos y su frente probablemente estaba marcada por sus anillos. Siempre se había preguntado cómo era posible que hubiera mujeres que se despertaran exultantes y con rostros impecables e intocados como si las sábanas no pasaron por ellas.

Ella, para su desgracia, despertaba con los párpados hinchados, un

hilo de saliva por la boca, un desastre. Pero eso no importaba ahora. Se

acercó con rapidez a la puerta y abrió, poniendo su mejor sonrisa una que

quedó congelada en su cara al encontrar frente a sí tremendo ejemplar de hombre, que la observó a su vez con curiosidad.

<<Oh, Dios>>, pensó. <<Trágame tierra. Yo peor que nunca y este hombre parece que acaba de salir de un catálogo de belleza masculina>>.

Se enderezó un poco más, aunque era poco factible que pudiera elevarse más de su metro setenta.

Era una mujer de mediana estatura, jamás se había considerado una mujer alta ni de impacto, pues en Los Angeles habían mujeres impresionantes y eso implicaba en cualquier espectáculo, pues quedaba por debajo del promedio y ni que hablar de los hombres. Y este no debía medir menos de un metro

ochenta, largos. Con ojos oscuros, profundos e intensos que la evaluaban de pies a cabeza, lo que hizo que su rubor se acentuara.

Vestía un traje impecable que se plegaba con calidad a los hombros

anchos, al torso y bíceps musculosos sin que ajustaran en exceso.

Remarcaban lo que estaba, no lo ceñían. Cuando él hizo ademán de ingresar, reaccionó y parpadeó. Lo había estado observando como una obtusa.

—¿Puedo pasar?

Esa voz, ronca, sensual, era el complemento perfecto para ese pedazo de hombre en su vano.

—Claro, sí, sí, por supuesto. Me imagino que es usted uno de los

cuñados de Sharon.

—Kaleb Monahan—Se presentó, sin despegar sus ojos de ella un

instante.

Eso la puso más nerviosa y la llevó a trastabillar. Las manos del

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa secreta del CEO