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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 179

y luego ahuecó sus glúteos, elevándola para que quedara sobre él, a horcajadas. Acarició la parte baja de su espalda, para luego tomar su mano y colocar el anillo en su dedo. Luego, la atrajo contra sí, haciéndola yacer sobre su pecho, abrazándola con total cariño.

—Nunca pensé que esta historia terminaría de una manera tan bonita —murmuró Regina— Cuando me ofreciste ser tu amante.

—Ese no fue mi mejor momento. Pero en verdad me habías dejado mudo y te deseaba a morir. Me sentí atraído a ti desde el inicio.

—Yo acepté porque me pasó igual. Cuando tuve que alejarme, sentí que mi alma se partía. Y cuando volviste a mí y me confesaste que me amabas, mi corazón estalló. Hoy siento una paz y un amor que me sobrepasan.

—No podría haberlo dicho más bonito, hermosa mía.

Se sentó y la hizo incorporar, para luego hacer lo mismo y elevarla, ella tomándose de su cuello y enredada las piernas en sus caderas. La condujo al dormitorio y la dejó caer con cuidado sobre el lecho, reptando para quedar sobre ella, sostenido en la fuerza de sus brazos. Trazó besos por su clavícula, su cuello y su rostro, para luego hundirse en su escote. Con dedos hábiles desató el vestido y expuso sus pechos.

—Hermosa.

Se inclinó, acariciando uno de los pezones que ya se erguían como timbres, mientras rozaba con su pulgar el otro, haciendo que todas las sensaciones vibraran en el centro del placer de Regina, que gimió, cerrando sus ojos y gimiendo. Milo deslizó una de sus manos para envolver su masculinidad y atravesó el canal de su centro, embebiéndose de la humedad de sus fluidos.

—Siempre tan húmeda para mí.

—Siempre—jadeó ella, atrayéndolo hacia sí, apurándose a desprender su pantalón y empujándolo hacia los tobillos con sus piernas flexionadas.

Sentir la dureza de su masculinidad le hizo tragar saliva. El gesto abrupto y rápido de él rompiendo sus bragas la sobresaltó y un estremecimiento de anticipación la ganó.

—¡Hazme tuya, Hazme tuya ya!

—Voy a hacerte el amor. Cada vez que te tomo, lento o duro, lo que hago contigo es por amor.

La corona de su virilidad se insertó en los pliegues del centro con exasperante lentitud, paladeando la sedosa sensación de bienvenida que ese espacio húmedo y cálido realizaba. La ansiedad y la pasión fueron poniendo velocidad a lo que al comienzo fueron suaves estocadas, pero producto de los gemidos y jadeos de ella, de las caricias y besos, se transformaron en embestidas.

—No puedo ir lento contigo.

—Quiero todo de ti en mí, quiero que me lleves al cielo—dio un grito de placer al sentir la profundidad que él alcanzaba en una nueva arremetida.

—¿Estás bien?

—Sí, estoy llena de ti.

—Solo yo, el único—sentenció gruñendo de manera casi cavernícola.

—Solo tú, solo tú en mi y en mi corazón—jadeó, mientras sentía los espasmos recorriéndola, sacudiendo todo su ser hasta que pareció perder el sentido, montada en un placer ideal, llevando consigo a un enloquecido Milo, que empujó dos veces más para derramarse en lo profundo de su amante.

Sin separarse, todavía dentro de ella, dejó transcurrir unos instantes, gozando de la más pura intimidad, recuperando su aliento. Luego, se acurrucó y la atrajo contra su pecho, recorriendo con sus besos su hombro y su cuello. Estos momentos posteriores eran los que más atesoraba y sabía que Regina adoraba que se quedara a su lado.

El sonido del móvil cortó la magia unos minutos después y aunque trató de permanecer indiferente, el que luego fuera el móvil de Regina sonando le hizo incorporar. Ambos tomaron sus dispositivos y vieron que tenían mensajes y llamadas de Kaleb, quien había adoptado la costumbre de llamar a Regina cuando Milo lo ignoraba.

Milo resopló y le llamó. Sabía que Kaleb no le molestaría de no ser algo importante.

—¿Qué pasó? —Escuchó con atención y Regina vio que su rostro se crispaba— Sabía que algo como esto iba a pasar tarde o temprano. ¿Cuán grave es? —Escuchó la respuesta y suspiró. Regina abrazó su cintura. Fuese lo que fuese, estaría ahí para él— Toma el avión y ve por él, Kaleb. No aceptes un no por respuesta. Ya ha sido suficiente de libertinaje sin compromisos.

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