Milo besó y cubrió con sus labios los hipos y sollozos de liberación y alivio de ella.
—Te he extrañado tanto, amor mío. Creí que enloquecería sin ti. Vas a tener que perdonarme mucho. Soy algo manipulador y un hombre posesivo. Controlador. No podía vivir sin ti, por eso hice todo lo que pude para volver a tenerte.
—¿Por qué me dices esto? —ella se separó, confusa— ¿Que hiciste...Qué?
—Porque no voy a aceptar que ninguno de esos hombres que te mira con hambre se acerque siquiera unos metros a ti. Porque además hecho cosas que tal vez te enojen. He tramado para conseguirte.
—Y tuvo ayuda—la voz de Sharon la trajo de nuevo a su evento.
Se separó de Milo y miró a su amiga, al lado de quien estaba una hermosa y elegante joven que le pareció conocida.
—Esta es Violet. Es la principal representante de la compañía que financió el proyecto.
Regina hizo un asentimiento y dio la mano a la mujer, que la miraba fija y seria.
—Estamos muy contentos—dijo entonces— Tus vestidos son hermosos. Confieso que me adelanté a reservar el blanco de brillos apenas lo vi. Y me encanta tu catálogo.
—No podré nunca agradecer suficiente el apoyo que me han dado.
—No me lo agradezcas. O al menos, demuéstramelo sin enojarte, Regina. Soy la hermana de Milo.
La sorpresa fue mayúscula, pero luego entendió por qué le parecía conocida. No entendía. Miró a uno y a otro. No sabía qué pensar o sentir.
—No te pongas mal—Sharon la abrazó— Te merecías esto y más.
—Claro que sí—asintió Violet—. Tenías un conjunto maravilloso de diseños archivados en una carpeta. Una cantidad de sueños en forma de bocetos. Necesitabas una ayuda para liberar tu talento y para alcanzarlo. Solo fuimos un instrumento. Decidimos que alguien tan talentoso como tú merecía la oportunidad.
—Te dije que no quería nada—su voz se elevó algo molesta, mirando a Milo.
—No está mal pedir ayuda. Todos necesitamos una mano, un empujón, un abrazo cuando estamos mal. Y nosotros queríamos ayudar a Milo—Violet sentenció.
Regina la miró. ¿Ayudar a Milo? Estaban hablando de una suma ingente de dinero para ella, para ayudarla a ella.
—Él estaba desesperado—Violet se acercó y abrazó a Milo— No podíamos ver a nuestro hermano así. Quiero que sepas que sufrió al estar lejos. Le costó verbalizar cuánto te amaba porque es un poco torpe.
—Para eso estamos nosotros, sus hermanos. El pobre bastardo no podía respirar sin ti—una voz desconocida interrumpió. Un hombre muy guapo se acercó.
—Este es Kaleb. Mi otro hermano. Él se encarga de la parte de Marketing y logística de nuestras empresas—sonrió Violet.
—Regina, saca a mi hermano de su miseria. Está haciendo de nuestras vidas un infierno.
La voz seductora, la sonrisa insinuante pero la evidente preocupación con que sus ojos se cerraban al mirar a Milo, todo desarmó a Regina. Estaba Él, su amor, Milo, rodeado de sus hermanos, apoyándolo para que ella volviera con él. Ella. Volviera. Con él. Él. La. Quería.
Respiró tratando de calmarse y entender. Esto era muy grande. Mucho. Él había logrado finalmente el objetivo de pagarle con algo. Pero lo había hecho desde el amor, podía verlo en sus ojos. En la actitud de sus hermanos. Que se presentaran y que le hicieran ver que la querían y aceptaban al lado de su hermano y que estaban convencidos que era la mujer para él encendió algo en ella. Sus ojos se humedecieron y se quebró, sollozando, tomando su cara entre las manos.

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