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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 175

Así que aquí estaba, compuesto y decidido, aunque nervioso.

Exteriormente firme, ansioso por dentro, deseando que Regina pudiera perdonar los errores que había cometido y aceptarlo de vuelta. Tragó grueso desde su rincón, observando cómo se movía con gracia, sonriendo y bella, tan hermosa que brillaba.

Decidido, esperó a que el evento cobrara esplendor, la escuchó emocionada presentar su empresa, la escuchó agradecer, la vio circular y reír. Cuando el evento comenzó a diluirse, se preparó. Era su turno.

REGINA

Elevada sobre esos tacones de vértigo que su patrocinador le había hecho llegar, unos stilettos fabulosos que la hacían sentir poderosa y bella, realzando la prestancia del vestido rojo de creación propia que la envolvía como abrazándola, Regina sintió que renacía. Reconciliados y recompuestos los pedazos en que su vida se había compartimentado, volvía a levantar cabeza. Y de qué forma.

¡Lo había logrado! Aquí estaba, en la fiesta de presentación de su empresa. La concreción de su sueño. Apenas podía creerlo. Con una copa de champagne en la mano, miró a su alrededor y se maravilló del grupo numeroso, y sofisticado que se había dado cita para el lanzamiento oficial de Sweet Curvy , su marca, ya instalada en las redes sociales y que hoy abría al púbico su sede física.

Había sido todo tan rápido, tan vertiginoso. Aunque, en honor a la verdad, esto era el fruto de años de creaciones, de bocetos, de carpetas con ideas, de imaginar. La inyección de capital que apareció casi como un milagro, como un tronco en medio de los rápidos de su vida, había hecho posible crear una pequeña empresa, la que hoy se hacía pública y formal.

Todavía no tenía claro cómo había conseguido Sharon ese contacto que había acelerado las cosas y había puesto todo en movimiento, pero como aquella decía <<cosas>>. Tenía que creerlo.

Seguramente era algo cósmico que planteaba que no todo podía ir mal por tanto tiempo, que la vida debía acomodarse en algún momento y los pedazos tenían que unirse.

Se sentía orgullosa de lo que había logrado. El dinero había sido importante, vital, pero ella había debido dedicar casi cada hora, día y semana de denodada labor para que cada una de los hermosos conjuntos y vestidos que ahora lucían en maniquíes y modelos circulando entre los invitados fuera real. ¡Y todo estaba vendido! Era increíble.

Esto implicaba, por fortuna, más trabajo a partir del día siguiente. Había interesados que habían solicitado catálogos para promover en sus blogs y redes. Esta era la mejor publicidad. Incluso estaban presentes representantes de revistas que ella solía leer y adoraba, cuyas críticas darían un ímpetu importante a la naciente empresa. Esto trascendía sus sueños, era mucho más de lo que había imaginado.

Como el sueño de la Cenicienta. Pero no tenía pensado escapar ni perder su zapato. El príncipe azul no vendría, pensó en un instante de desaliento que se obligó a apartar. Ya había llorado y sufrido por ese amor,

Por Milo. No podía permitirse traerlo a este instante de felicidad, porque de seguro la nostalgia y la dolorosa sensación la harían ver como una triste perdedora. Lo era, a nivel personal. Mas su historia empresarial, la de la concreción de sueños, comenzaba en este momento y no lo arruinaría.

Y no lo hizo. Cuando debió subir al pequeño estrado para agradecer y explicar su motivación y el espíritu de su colección, lo hizo con la solvencia y la soltura de quien ha sabido por años cuáles eran sus sueños:

—Estos diseños que hoy ven la luz y todos los que vendrán son para mujeres que, como yo, necesitan sentirse bellas. Mujeres qué necesitan saber que son hermosas, a su modo único e intransferible, y que están ansiosas de vestir de esa forma. Con indumentaria que las haga sentir sexys, cómodas, que explote y potencie sus siluetas. Mujeres que no temen lucir sus curvas, que se enorgullecen de ellas y no se esconden. Que usan colores, que van por lo atrevido, lo casual o lo formal.

Agradeció a todos los que la acompañaban, en especial a Tina y Sharon, a la empresa madrina y elevó una oración a su tía. Sonrió ante el rotundo aplauso y luego charló y volvió a mostrarse amable y agradecida con quienes se acercaron a felicitarla.

Así por dos horas, que se le hicieron cortas. ¿Cómo no sentir que el tiempo vuela cuando se está en el momento que se deseó por tanto tiempo?

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