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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 174

MILO

Habían transcurrido dos largos y solitarios meses. Cinco desde que había tocado por última vez a Regina. Su vida se había precipitado por un largo tobogán de nostalgia y tristeza, de solitarias noches y fines de semana y no había forma de que los encuentros con sus hermanos lo mejoraran, a pesar de que se notaba que estaban inquietos por él e intentaban distraerlo. Ni siquiera era factible que otra mujer pudiera aliviar esa constante necesidad fisica que sus fantasías y sus recuerdos alimentaban.

Era Regina a quién necesitaba, no podía haber nadie más. Lejos habían quedado el orgullo y la vanidad de pensar de que podía trascenderla o de que tener sexo pudiera quitarla de su sistema. Si cabía, habían hecho que se insertara más bajo su piel. La forma en la que habían compartido sus cuerpos y su tiempo no habían hecho más que cerrar su relación puntada por puntada y acercarlos. A estas alturas, tenía bien claro que lo suyo no había sido solamente un crush, un deseo sexual, la necesidad del desahogo. Ella había calado profundo, en su mente y en su alma. No solo extrañaba disfrutar de ella y enterrarse en su dulce intimidad extrañaba todo. Quería todo.

Por eso, había desahogado su frustración y su ansiedad en los mensajes de texto que envió sin parar, producto de su soledad y su nostalgia, deseando que llegaran a ella, que dieran cuenta de lo que sentía. Solo tendría descanso cuando Regina entendiera que estaban hechos el uno para el otro.

Sabía lo absurdo que esto le hubiera sonado 6 meses atrás, tan ridículo cómo sonaría para su madre, pero esta era hoy su realidad ineludible. Porque estaba convencido de que quería todo el paquete, aceptó y fomentó lo que en principio pensó que era una idea destinada a morir, el plan de Violet y Kaleb de ayudarla a sostenerse económicamente y potenciar sus diseños. Este plan había funcionado y logró horadar la barrera inexpugnable que Regina sostenía contra apoyos económicos que vinieran de él. Por eso es que el nombre de las empresas Monahan no figuraba en los contratos y Regina no tenía idea de dónde provenían los fondos que estaban dando curso a su emprendimiento.

Todo se había hecho a través de una de las asistentes de Kaleb y Regina ignoraba que esa mujer que Sharon le había presentado era una simple pantalla detrás de la cual estaban los hermanos de Milo. El plan de negocios, el de marketing y la asistencia financiera no eran más que la forma que habían encontrado para potenciar a la que Violet había calificado como una gran diseñadora, intuitiva, que tendría éxito apenas se difundiera lo buena que era. Era la manera de que cumpliera sus sueños y él no podía más que esperar a que esto la condujera a él, en un futuro próximo.

Hubo noches duras en las que tuvo que contener la terrible necesidad de estar con ella. Instantes en los que debió trabar sus puertas y sostenerse con fuerza del volante de su coche para no bajar y perseguir a esa mujer enloquecedoramente bella que ondulaba sus curvas por las aceras como si las conquistara. La observó de lejos, sintió celos de cada hombre que vio darse vuelta para mirarla. Cualquiera que fue testigo de su conducta la calificaría de acoso, aunque pasivo.

Agradeció que ella no lo hubiera visto en ninguna de las oportunidades en las que la miró sorber café, embebida en papeles, o conversando con Sharon o Tina, a veces sonriente, la mayoría con un tinte triste y meditabundo. La hubiera querido consolar contra su pecho cada vez; cuánto hubiera dado por besarla, por tomar sus labios y acariciar sus mejillas.

Mas se contuvo cada vez, mordiéndose, obligándose a esperar. Si no había cometido desastres en la dirección de las empresas y en el control de la vida financiera de las corporaciones era porque sus hermanos lo habían sostenido. Habían estado ahí para él. No había querido hablar con su madre desde que supo que era una de las razones por las que Regina se había alejado de él. Tal vez si no se hubiera dado la muerte de la tía de Regina, si no se hubiera encadenado esas circunstancias que habían hecho de la vida de ella algo miserable, él hubiera ido por todo. Pero sabía que ella necesitaba levantarse, empoderarse y creer nuevamente en sí misma para poder confiar en él.

Tanto como se sentía contenido por sus hermanos sabía que debía agradecer a esa gran amiga que era Sharon. No había dudado en plegarse a la idea de Violet, sabiendo que le hacía bien a Regina. Violet le había dicho que era una mujer extraordinaria, fiel y no había posibilidad de que su secreto estuviera al descubierto al menos hasta que Regina estuviera de pie y firme. Y eso era esta noche, esta noche en la que finalmente el proyecto se presentaba oficialmente. Regina se plantaba como diseñadora y la empresa comenzaba a vivir. No dudaba de que había sido el mercadeo de Kaleb y la mano de Violet las que habían hecho que las cosas rodaran, aunque sin el talento de Regina, nada hubiera funcionado.

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