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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 154

-Lo noté-dejó escapar ella _ Es imposible no darse cuenta de lo bien que está formado tú cuerpo, tus muslos son tan largos y bien definidos, se ve que los has trabajado muy bien.

<>, pensó.

Él se sentó en un sillón y la puso sobre su regazo, abriendo sus piernas y dejándola expuesta a sus dedos, que empezaron a moverse lentamente, el índice rozando de manera circular el clítoris mientras el mayor, pícaro explorador se introducía en su centro.

-Estás tan mojada tan excitada- Ella suspiró con abandono mientras se permitía olvidar todo límite y dejaba que él la sumergiera más y más en el placer-. Voy a arrancarte todos los orgasmos que tienes acumulados. Te voy a hacer gozar como no lo ha hecho nadie y voy a marcar cada uno de tus rincones, con mi boca, con mis dedos, para finalmente hundirme en ti y sacudir todas tus inhibiciones-recitó.

-Eres de los que hablan mucho-susurró Regina con un esbozo de sonrisa mientras su bajo vientre parecía arder ante la invasión, a la que se rendía sin lucha.

-No lo sabes bien, pequeña.

-No tengo nada de pequeña.

-Tienes todo muy bien puesto y en su justa medida para hacer un conjunto extraordinario-sentenció.

Aumentó el ritmo de sus presiones hasta que ella sintió que en su vientre se formaba una bola de placer que crecía sin remedio hasta explotar expandiendo calor y placer en ramificaciones abruptas hacia sus miembros, todo lo que dejó escapar en un grito crudo que anunció, entre temblores, un orgasmo de magnitud extrema.

-¡Eso, nena, córrete para mí! -dijo él con voz ronca, excitado ante el espectáculo mayúsculo de esa hembra abierta y palpitante por y para él.

Cuando su cuerpo se calmó, la elevó entre sus brazos, con premura, colocándola sobre su hombro y avanzando para abrir la puerta que conducía al dormitorio. Allí, la dejó caer sin ceremonias sobre el colchón, en el que rebotó, asombrada por la exposición cruda de hombre de las cavernas de Milo.

Sin dejar de mirarla se quitó los pantalones y el bóxer con rapidez, dejando a la vista su miembro duro y grueso, excitado entre sus largas y musculosas piernas separadas, en una de las cuales apreció un tatuaje qué hizo aún más sensual la imagen. Él tomó su pene y lo masturbó, descubriendo el glande brilloso de líquido pre seminal. La imagen era de un erotismo mayúsculo y el miembro pareció crecer ante los ojos de Regina, que tragó saliva sin poder desprender la vista de esa maravillosa exhibición de masculinidad depredadora que la volvió a poner en órbita, el dolor del deseo otra vez instalándose en su nucleó. Cuando él se movió y avanzó con lentitud se llevó las manos a la cara, que parecía arder.

Milo, cerniéndose sobre ella, pero apoyado el peso de su cuerpo en los brazos, le hizo abrir las piernas con sus rodillas y sin más preliminares, colocó el glande entre sus pliegues. Sus ojos brillaban tumultuosos.

-¿Estás lista para mí, Regina?-Ella asintió-. No seré gentil, ni suave. En estos momentos te deseo tanto que solo quiero penetrarte y hacerte volar alto, ¿entiendes? Quiero llenarte, hundirme en ti.

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